420: el mejor restaurante de la plaza de la Ciudad Vieja
Cuanto más viajo, más me convenzo de una regla: en las zonas turísticas más concurridas hay que andarse con mucho cuidado al elegir restaurante - ahí suelen mandar los locales que apuestan por el beneficio rápido a costa de quien pasa por delante una vez y no vuelve jamás.
Por eso me alegra doblemente que, en pleno corazón de Praga, en una dirección donde uno esperaría antes una trampa para turistas que una experiencia agradable, lleve ya dos años funcionando un restaurante que se lo plantea de una manera completamente distinta.
Ese local valiente es el restaurante 420; en la plaza de la Ciudad Vieja ofrece platos de verdad, con una relación calidad-precio excelente para lo que hay alrededor, postres inolvidables, un entorno precioso y un servicio impecable.

Por qué visitar el restaurante 420
El restaurante 420 se centra en la cocina checa elaborada con ingredientes de calidad. Detrás del proyecto está Radek Kašpárek, chef de sobra conocido, cuyo restaurante Field tiene una de las dos estrellas Michelin de la República Checa. Al frente de la cocina está Marek Kominek y de los postres, de un refinamiento increíble, se encarga Kateřina Brodnianska.


De los restaurantes con estrella Michelin se conservan los sabores intensos y concentrados, pero las raciones son generosas, el ambiente bastante más relajado y los niños son bienvenidos.

El propio aperitivo de la casa, un salchichón con rábano picante frito, pimienta y sal, ya deja intuir que no va a ser una experiencia corriente. Los checos conocen ese embutido como el fiambre barato de diario, algo parecido al chóped; aquí, en cambio, llega en una versión excepcional. Lo acompañan panecillos calientes y tortas saladas de chicharrones de la panadería de la casa. El comensal recibe además mantequilla con levístico y un cuenco pequeño de sopa. Si yo fuera un turista con ganas de probar la comida típica checa, ya estaría aplaudiendo. No sé por qué, pero los checos adoran los panecillos, y estos son posiblemente los mejores que he comido nunca.
Como entrante del menú del día elegí salvelino marinado con cebollino, remolacha encurtida y ensalada; es exactamente lo que esperas de un entrante así, ligero y fresco. El hígado de ternera a la parrilla, en cambio, llega con una potente salsa de cebolla y pimienta, y las patatas, cómo no, se fríen en sebo de vacuno.
El gamo marinado que figura como entrante de la carta se combina con brócoli silvestre y setas encurtidas, y se riega delante del comensal con una salsa especiada de ciruela. El plato principal de la carta, la carne deshilachada de paletilla de vacuno, es enorme, y la salsa con foie gras y trufa resulta muy potente. Las papilas gustativas agradecen también los trozos de tuétano y las bolitas de aronia.
Una cocina de verdad y con una mirada actual apenas necesita más comentarios; lo que a mí me pilló por sorpresa fue el trabajo extraordinario con los postres. Crear algo realmente inolvidable, algo que distinga a un restaurante de los demás, es muy difícil, y con el tiempo los locales acaban confundiéndose unos con otros en el recuerdo.
El restaurante 420 se distingue precisamente por sus postres, y lo hace con maestría; el canutillo relleno de nata al caramelo presentado como un puro es sencillamente genial, y los demás finales dulces no se quedan atrás.

Los espacios del restaurante 420
En el caso del restaurante 420, la comida es solo una pieza del puzle que compone la experiencia de la visita.
El 420 abrió sus puertas a finales de 2023 en una de las direcciones más prestigiosas de la República Checa, en la plaza de la Ciudad Vieja, justo enfrente del reloj astronómico de Praga. Intenta devolver a los lugareños a un sitio famoso por sus interminables multitudes de turistas y por sus locales de dudosa reputación, y demostrar que también en la plaza de la Ciudad Vieja se puede encontrar buena cocina checa.

El restaurante ocupa una casa histórica rehabilitada con sensibilidad. El patio cubierto donde comen los clientes es uno de los comedores de restaurante más bonitos que he visto nunca. La increíble transformación que ha vivido ese patio se entiende de golpe al ver una fotografía de su estado original.


El restaurante tiene también su propia panadería y su charcutería, las dos instaladas en los sótanos góticos originales.
Precisamente esos sótanos pueden ser una de las sorpresas de la visita al restaurante 420. Poca gente cae en la cuenta de que la planta baja de la casa estaba en origen mucho más abajo - la plaza de la Ciudad Vieja se ha ido elevando varios metros a lo largo de los siglos.

El menú del día del restaurante 420
De lunes a viernes, de 11:30 a 15:00, el restaurante sirve un menú del día que cambia cada semana. Aquí es donde los cocineros tienen seguramente más margen para jugar con los platos que los checos adoran.
¿Te apetece una salchicha al vino con chucrut frito? ¿Unos knedlíčky, esas bolitas de masa hervida, con carpa ahumada? ¿Un bizcocho de cerezas con helado de nata tostada? ¿Un knedlík relleno de mermelada de escaramujo?


Ese juego es justo lo que más me atrae. Muchos platos del menú del día los probaría solo por averiguar "cómo lo hacen".
El menú infantil del restaurante 420
Se agradece que el restaurante 420 piense también en los niños. Pueden disfrutar de un caldo de gallina con pasta de letras, de unos mini escalopes empanados con puré o con patatas fritas y compota, o de un plato de pasta.
Los platos infantiles están bien pensados, con la experiencia de unos cocineros que además son padres. Los lápices de colores y las láminas para colorear con la estética del restaurante son ya solo la guinda.


Los precios del restaurante 420
A primera vista, el 420 no es barato. La mayoría de los entrantes de la carta ronda los 450 CZK (18 EUR), los platos principales cuestan unos 760 CZK (30,40 EUR) y los postres salen por 260 CZK (10,40 EUR). Aun así, los precios son del todo razonables para lo que significa la plaza de la Ciudad Vieja, para el nivel de la cocina que se hace aquí, para el servicio impecable y para los preciosos espacios que ocupa el restaurante.
Y en el menú del día, con entrantes en torno a 280 CZK (11,20 EUR), platos principales sobre 390 CZK (15,60 EUR) y postres a unos 210 CZK (8,40 EUR), me parece incluso una oferta imbatible tratándose de la plaza de la Ciudad Vieja.

Al parecer, la clientela se reparte a partes iguales entre turistas y lugareños. También aquí se cumple que no se puede contentar a todo el mundo. A un checo puede costarle pagar cantidades a las que no está acostumbrado por algunos platos tradicionales del mediodía que conoce de sobra, aunque esos clásicos lleguen aquí en versión de lujo.
Las combinaciones de sabores de la carta también pueden resultar a veces demasiado inesperadas y pillarte a contrapié. A mí me pasó con el acompañamiento de la carne deshilachada: el portobello con emulsión de queso sencillamente no me dijo nada.
Pero esos casos son más bien la excepción.

Sobre el restaurante 420 se podría escribir mucho más.
Que "420" es el prefijo telefónico internacional de la República Checa y, a la vez, un término del argot que significa algo completamente distinto. Que las sombrillitas de papel que los clientes reciben con las copas de helado son una pequeña broma retro. Que la propia casa U Červené lišky, la Casa del Zorro Rojo, tiene una historia larga e interesante. Que, pese a la competencia brutal de la plaza de la Ciudad Vieja, el restaurante no contribuye en nada a la contaminación visual del lugar: en la plaza lo anuncia solo una discreta bandera blanca con el rótulo negro "Czech Restaurant".
Tanto si eres un turista que quiere comer en la mismísima plaza de la Ciudad Vieja como si eres de Praga y buscas dónde comer en pleno centro histórico, el 420 es un sitio estupendo.
¡Que aproveche!
420