Dónde tomar un brunch en Praga
El brunch es un desayuno tardío que se funde con el almuerzo en una sola comida contundente, y hasta la propia palabra nació de unir las palabras inglesas breakfast y lunch. Se sirve normalmente el fin de semana, entre las diez de la mañana y las dos de la tarde, y lo que de verdad lo separa de un desayuno cualquiera es el ritmo: nadie tiene prisa.
Del brunch me gustan dos cosas. Pruebo de una sentada un montón de platos que nunca pediría por separado, desde ostras hasta tartar de zanahoria o pollo con mole. Y el día libre arranca a cámara lenta: sin despertador, solo una mañana larga y sin prisas alrededor de la mesa.

Cómo nació el brunch
Detrás de la palabra brunch hay una persona concreta y un texto concreto. El periodista británico Guy Beringer publicó en 1895 en la revista Hunter's Weekly el ensayo "Brunch: A Plea" (el original puede leerse en Wikisource), en el que proponía sustituir la pesada comida del domingo después de misa por algo más ligero hacia el mediodía. Entre otros argumentos, defendía que así nadie tendría que madrugar el domingo, y pensaba también en aquellos a quienes se les había alargado la noche del sábado. Según él, el brunch es "alegre, sociable y estimulante. Invita a la conversación."
La propuesta de Beringer cuajó lejos de donde la escribió. El brunch se hizo popular de verdad en los años treinta, en Estados Unidos. Las estrellas de Hollywood viajaban entonces entre Nueva York y California en trenes transcontinentales y en Chicago se bajaban para tomar una comida tardía de domingo. Los hoteles aprovecharon la ocasión, porque los restaurantes normales cerraban los domingos, y el brunch dominical de hotel se instaló para siempre en las costumbres de los estadounidenses. Después de la Segunda Guerra Mundial, el brunch se extendió por Estados Unidos como ritual social de las mañanas de domingo y se le sumaron los cócteles: la mimosa de espumoso con zumo de naranja o el bloody mary.

Qué se come y se bebe en un brunch
La base del menú de brunch es la mezcla de desayuno y comida. Del lado del desayuno llegan los huevos en mil versiones: huevos Benedict con salsa holandesa, huevos escalfados con aguacate o huevos turcos con yogur. Con ellos, tortitas, gofres o cruasanes. Del lado de la comida, ensaladas, pescado, carnes a la parrilla y también sopas. Y como en un brunch lo dulce no tiene límites, los postres suelen ser un capítulo aparte: minipostres y dulces como las bolas de requesón cocidas, tan típicas de Chequia.
El formato cambia de un local a otro. En algunos los platos llegan a la mesa uno tras otro; en otros la base es un bufé en el que cada uno se monta su propio festín. Es precisamente en el bufé donde brilla la mayor virtud del brunch: la variedad. ¿Tres bocados de cinco platos distintos en el mismo plato? Así es exactamente como hay que hacerlo.
Para beber hay café, té y zumos naturales, pero muy a menudo también prosecco o vino. Muchos locales ofrecen la opción "bottomless brunch", es decir, bufé libre de determinadas bebidas durante todo el brunch. Lo que todavía echo de menos en la mayoría de sitios de Chequia es una alternativa sin alcohol que merezca la pena, así que lo valoro aún más cuando un local ofrece, por ejemplo, un "prosecco" sin alcohol.

Los brunches que he probado en Praga
Restaurante Mlýnec
El brunch de fin de semana del restaurante Mlýnec apuesta por el servicio en mesa: tres entrantes, tres principales y dos postres van aterrizando poco a poco, cada plato para compartir entre toda la mesa. Además, barra libre de vino, prosecco y cerveza, y unas vistas al puente de Carlos de las que uno no se cansa. La estupenda sopa agria de setas con shimeji todavía la tengo grabada. Y lo confieso: aquel día fuimos los últimos en irnos del restaurante. Encontrarás más sobre el local en la etiqueta Mlýnec.

Občanská plovárna
El brunch dominical de Občanská plovárna combina un bufé de entrantes con huevos y principales servidos en mesa, todo en un entorno precioso a orillas del Moldava. Como welcome drink sirvieron gazpacho en vasito de chupito, un guiño simpático a la cocina española. Lo mejor para mí fue el salmón con salsa de curry verde y grosellas fermentadas, un plato que jamás habría esperado en un brunch. Y también sumó puntos el "prosecco" sin alcohol ilimitado del que hablaba antes.
The Artisan
El brunch del restaurante The Artisan, en el hotel Marriott, apuesta por los temas: cada domingo el bufé gira en torno a uno distinto, un día el caramelo, otro el ajo de oso o una auténtica matanza checa. A mí me tocó el de chocolate, y el chocolate no se quedó en los postres: apareció también en el chili con carne y en el pollo con mole. Aun así, lo que más me atrajo fueron los filetes de ternera del horno de brasa Josper y los quesos de la granja Krasolesí, muy cotizados incluso entre los restaurantes Michelin checos.

Buddha-Bar Prague
El brunch asiático del Buddha-Bar se olvida por completo de huevos y tortitas. Su espacio subterráneo de dos plantas, con una estatua de Buda de tres toneladas, pasa cada domingo de local nocturno a zona familiar con bufé de autoservicio: sushi, ostras, langostinos en tempura, gyozas o un puesto de sopas con Tom Yum. ¿En qué otro brunch puedes servirte ostras frescas sin límite? El rincón infantil, muy bien equipado y con servicio de canguro, es un buen extra para los padres.



Creo que a Guy Beringer le encantaría ver cómo ha cuajado su propuesta: ciento treinta años después, el brunch sigue siendo exactamente lo que prometía, una comida en la que se charla. Si todavía no has ido nunca a un brunch, prueba un domingo a empezar el día a mediodía. Y luego, si te apetece, escríbeme y cuéntame dónde has comido a gusto.
Buddha-Bar Prague: brunch asiático con servicio de canguro
El brunch dominical del Buddha-Bar Prague es un bufé asiático de lo más completo, con comida ilimitada y una selección de bebidas incluida. Por 1.599 CZK (64 EUR) por persona puedes probar sushi fresco, ostras, especialidades panasiáticas calientes y postres muy variados. Las familias con niños agradecerán la zona infantil, estupendamente equipada y con servicio de canguro. De la calidad y la frescura de todos los platos se encarga el experimentado chef Jan Voráček, que lleva en el restaurante desde que abrió.
Restaurante The Artisan: brunch de chocolate en el hotel Marriott
The Artisan es un restaurante moderno del hotel Marriott de Praga que organiza brunches todos los domingos. El tema cambia cada semana, así que puedes acabar en un brunch dedicado a la matanza checa del cerdo, a las hamburguesas, al caramelo o al ajo de oso.
Občanská plovárna: brunch dominical junto al Moldava
El brunch de la Občanská plovárna se sirve todos los domingos y el menú cambia cada dos meses. El precio incluye entrantes ilimitados, huevos para desayunar, platos principales y minipostres. También son ilimitados los refrescos y una selección de vinos y cervezas.
Restaurante Mlýnec, Praga: brunch de fin de semana
El brunch de fin de semana del Restaurante Mlýnec es una de sus citas más populares. Los comensales van probando tres entrantes distintos, tres platos principales y dos postres. La experiencia se redondea con barra libre de vinos seleccionados, cerveza y refrescos. Con tanta demanda, es imprescindible reservar con antelación.