Mercados y plazas de abastos
Los mercados son el lugar donde desde tiempos inmemoriales se encuentran vendedores y clientes para ofrecer sus productos frescos y sus elaboraciones. Es un sitio que bulle de vida, que huele bien y donde puedes empaparte de un ambiente único. Ya sea un mercado de productores o una gran plaza de abastos, siempre es una experiencia para todos los sentidos.

Cuando viajo nunca dejo pasar la ocasión de recorrer los pasillos de un mercado y admirar la paleta de colores de la fruta y la verdura, respirar el aroma de las hierbas frescas y las especias, probar las especialidades locales y escuchar los pregones a voz en grito de los vendedores, que atraen a la clientela a sus puestos (en esto Sicilia es increíble). Es como entrar en otro mundo, uno donde el tiempo se ha detenido y donde todavía se respetan la tradición y el oficio.

Los mercados tienen una historia larguísima, que se remonta a la Antigüedad. Ya en la antigua Roma y en Grecia eran el centro del comercio y de la vida social. Hoy siguen siendo famosos, por ejemplo, los mercados de Estambul, donde en los bazares cubiertos se venden especias, textiles, joyas y otros productos tradicionales. En Europa tienen fama, por ejemplo, los mercadillos de las pulgas de París o los mercados gastronómicos que se montan los fines de semana en Londres.

En cuanto a la oferta, en los mercados encuentras sobre todo alimentos frescos: fruta, verdura, carne, pescado, productos de panadería, lácteos, etc. Y el street food local no falta nunca. Muchas veces te topas además con puestos de artesanía, ropa, antigüedades o libros. La oferta cambia según el tipo de mercado y su especialidad.

La gran ventaja de comprar en el mercado es la frescura y la calidad de los productos. La verdura y la fruta llegan directamente del productor, así que se recogen en su punto justo y no han pasado por largos transportes ni por almacenes. La carne viene de granjas de la zona y el pescado suele llegar a diario directamente de los pescadores. Los mercados de productores viven hoy un auge enorme, porque el cliente busca cada vez más alimentos locales y de calidad.

Pero los mercados no van solo de comprar. Son también lugares de encuentro donde se respira un ambiente único y donde conoces la cultura y las tradiciones del lugar. A menudo te cruzas con artistas callejeros, músicos y otros personajes curiosos. Las plazas de abastos suelen ocupar edificios de gran valor arquitectónico y forman parte del patrimonio histórico de las ciudades.

Por otro lado, es verdad que comprar en una plaza de abastos grande puede resultar a veces un poco estresante. Suele haber mucho agobio, ruido y a veces también desorden. Aun con estos pequeños inconvenientes, los mercados merecen sin duda una visita.
Tanto si eres un gourmet como si te apasiona la historia o simplemente disfrutas de los ambientes con carácter, en un mercado no te vas a aburrir. Te aseguro que será una experiencia que no olvidarás fácilmente.
Marché Central de Tunis: el mercado central de Túnez
El mercado central de Túnez se construyó en 1891, durante el protectorado francés, y combina el estilo árabe con el art déco. Hoy se divide en tres partes: el mercado de pescado con la pesca del día de los pescadores tunecinos, la nave central con carne, aceitunas, quesos y especialidades tradicionales como la harissa, y la zona de fruta y verdura, donde no faltan productos de temporada como los dátiles o las granadas. En primavera huele aquí a flor de naranjo amargo y de geranio. Para mí, la mayor experiencia gastronómica fue poder llevar el pescado recién comprado a que me lo prepararan allí mismo.
Marché de Kairouan: los mercados de Kairuán
Kairuán, ciudad histórica fundada en el año 670, es una de las joyas de Túnez y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sus mercados, ásperos y absolutamente auténticos, trasladan al visitante a la vida de sus habitantes de hace quizá cientos de años. Las callejuelas están llenas de productos frescos - fruta, verdura, carne, pescado, dátiles y especias, que son la base de la cocina tunecina.