Mercat Central d'Alacant: el mercado donde Alicante compra y desayuna
Quien quiera ver el mercado central de Alicante abierto en domingo tiene once oportunidades al año. Esos son los domingos y festivos en los que la ley permite abrir al comercio en la Comunidad Valenciana, y cuáles son lo decide de antemano la administración. El resto de domingos, la puerta que hay en lo alto de la escalinata sigue cerrada.
El Mercat Central d'Alacant (en castellano, Mercado Central de Alicante) es un mercado cubierto de 1922 en pleno centro de la ciudad: 292 puestos en dos plantas, el pescado abajo, fruta, verdura, quesos y embutidos arriba, y entre medias unos bares donde la cocina española también se puede estudiar sentado.

Abastos en la fachada, el reloj en la vitrina
Sobre la entrada no figura, sin embargo, ninguno de los dos nombres por los que buscarías el mercado. Lo que hay, en mayúsculas, es Mercado de Abastos, la denominación oficial de la época en que toda ciudad española de cierto tamaño se hacía con una nave así para tener la comida bajo un mismo techo. Los mercados cubiertos se levantaron en las primeras décadas del siglo XX en Valencia, Zaragoza y Barcelona, y el de Alicante pertenece a esa misma oleada, solo que es más joven y más modesto que su hermano modernista de Valencia. Los carteles y los mapas prefieren el nombre en valenciano, Mercat Central d'Alacant, porque la propia ciudad tiene dos nombres; los alicantinos dicen simplemente el Mercado.
La primera piedra la puso el rey Alfonso XIII y se inauguró en noviembre de 1922. Pero la fecha que el mercado recuerda con más exactitud llegó después. El 25 de mayo de 1938, la aviación italiana que combatía del lado de Franco descargó más de noventa bombas sobre el centro de Alicante en plena mañana, las sirenas no llegaron a sonar y el mercado recibió un impacto directo; las cifras de muertos oscilan entre los doscientos y los trescientos según la fuente, y la Wikipedia en español habla de más de trescientos. El reloj de la nave se paró a las 11:19, un minuto después del impacto, y hoy está en una vitrina dentro del mercado. La gente pasa por delante con las bolsas de la compra, y a un monumento quizá no podría pasarle nada mejor.

Qué es de aquí y qué solo está de paso
El jamón colgado del soporte con la etiqueta de Joselito es lo primero que llama la atención en la planta de arriba y es lo menos alicantino de toda la nave: el jamón ibérico llega hasta aquí desde Extremadura y Andalucía. La provincia de Alicante aporta otras cosas al mostrador: turrón de Jijona, el dulce vino Fondillón, la gamba roja de Denia, los nísperos de Callosa y los embutidos de la Vega Baja, entre ellos la morcilla de Orihuela. El género más local está en los puestos de panadería: la coca amb tonyina, esa coca fina de atún y cebolla pochada que Alicante hornea para las Hogueras de San Juan de junio y que se come con higos frescos, y a su lado la coca de mollitas.

Cuándo se desayuna aquí y cuándo se echa el cierre
El mercado vive por la mañana. Abre a las siete, entre semana cierra a las dos y media y los sábados a las tres. La mejor hora es entre las diez y las doce, cuando en toda la Comunidad Valenciana se hace el esmorzaret: el almuerzo de media mañana, un bocadillo grande o una tapa y, para acompañar, un vermut o un vino con gaseosa. Es el recreo del colegio trasladado a la edad adulta: a las diez, con pan, solo que la leche la ha sustituido el vermut. Los bares del mercado viven de ese momento. Así el mercado se ha sumado a la moda de los mercados gastronómicos que arrancó el Mercado de San Miguel de Madrid, pero solo a medias: abajo se sigue vendiendo pescado a gente que por la noche lo va a cocinar, no a fotografiar.

Desayuno, coca y vermut bajo un mismo techo
Al mercado central de Alicante fui con unos amigos y nos pasamos allí toda la mañana: primero un desayuno típico español en la barra, luego el puesto de una panadería local, donde nos llevamos coca amb tonyina, y al final una copa de vermut en La Guapa (ver Dónde comer en Alicante). Entre medias fuimos recorriendo los puestos de quesos, con manchego, mahón y cabrales, y el de verdura, con la mimosa seca colgada del techo. No sé cuánto nos costó aquella mañana: en el mercado se paga por partes, en tres mostradores, y en ninguno te dan la cuenta total. Al castillo de Santa Bárbara, que se alza por encima del mercado, no subimos hasta el día siguiente. En ascensor. Con las escaleras del mercado ya habíamos tenido bastante.
Mercat Central d'Alacant