Qué comer en Mauricio: platos típicos y especialidades mauricianas
La cocina mauriciana es una mezcla vibrante de cocina india, china, criolla y francesa. La pequeña isla del océano Índico la fueron poblando colonos franceses, esclavos africanos, trabajadores contratados en la India y comerciantes chinos, y cada comunidad trajo consigo sus propias recetas. Por eso en una misma carta conviven un pan plano indio, unos fideos chinos y un curry criollo. La influencia de la cocina francesa se nota sobre todo en los postres y en los nombres de los platos, que todavía hoy se escriben en francés.
La comida mauriciana es barata y mucho más variada de lo que uno esperaría de una isla de 1,3 millones de habitantes.

La mayoría de los platos se venden como street food: en plena calle, en los mercados o en pequeños locales de comida que muchas veces se especializan en uno o dos platos. En la isla, el street food es la forma habitual de comer de los mauricianos, sea cual sea su comunidad.
La comida típica mauriciana
Lo que más se ve en Mauricio son los panes planos rellenos. El roti redondo y el farata cuadrado se hacen en la plancha bien caliente, se untan con aceite o con ghee y se rellenan con currys de verdura o de carne. El roti y el farata son comida de todas las generaciones: desayuno, comida y cena envueltos en papel.
La segunda gran corriente la trajo la comunidad china. Los fideos fritos mine frit, los fideos cocidos mine bouillie y el arroz frito riz frit están entre los platos que encuentras absolutamente en todas partes. Con ellos puedes pedir unas cuantas boulettes, esas bolitas que se cuecen todo el día en enormes vaporeras a la puerta de los puestos. Capítulo aparte merece el bol renversé, el "cuenco del revés": el camarero le da la vuelta ya en la mesa y en el plato aparecen las capas de salsa, arroz, verdura y carne, con un huevo frito coronándolo todo.
La comunidad india le dio a la isla el briani de arroz, la espesa sopa haleem y currys de todo tipo. Los platos principales llegan con una buena ristra de acompañamientos: chutneys, las verduras encurtidas achard o mango encurtido. En cada mesa hay además una salsa o una pasta de chile, y los mauricianos la usan con verdadera generosidad.
La cocina mauriciana tira bastante a los hidratos de carbono y los platos no suelen llevar mucha carne. Precisamente por eso le cogí cariño al bol renversé: lleva más carne y además no va frita.

El plato nacional de Mauricio
El plato nacional de Mauricio es el dholl puri, un pan plano fino de masa con guisantes amarillos cocidos. Lo trajeron a la isla los trabajadores contratados en la India que llegaban en el siglo XIX a las plantaciones de caña, y su pan barato acabó conquistando la isla entera. Como la preparación tiene su trabajo, los panes se hacen de antemano; el vendedor solo los unta con el relleno que elijas y, si quieres, con salsa de chile, y tienes la comida en la mano en veinte segundos.
Donde más fácil resulta encontrarlo es en Port Louis: hay puestos en plena calle y también en el Mercado Central. En Flic en Flac, curiosamente, no vi ni un solo vendedor en toda mi estancia, así que una razón más para ir a comer a las ciudades.

Qué comer en Mauricio
Mi lista de platos y bebidas de Mauricio que merece la pena probar:
- Dholl puri. El pan plano nacional de guisantes amarillos, relleno con mezclas de curry. Lo encuentras sin problema en Port Louis y lo tienes listo en veinte segundos.
- Roti y farata. Los panes planos rellenos con los que más te vas a cruzar en Mauricio. Se diferencian solo en la forma: el roti es redondo y el farata, cuadrado.
- Mine frit. Fideos de huevo fritos con verdura, carne o gambas. Fue lo primero que comí en la isla.
- Mine bouillie. Fideos cocidos con verdura y carne. En algunos puestos te bañan la ración con un caldo de pollo bien concentrado.
- Riz frit. El arroz frito que trajeron a la isla los inmigrantes chinos. Recuerda mucho al rizoto checo.
- Bol renversé. El "cuenco del revés" con arroz, verdura, carne y huevo frito, al que el camarero da la vuelta ya en la mesa. Comer con un pequeño espectáculo incluido.
- Boulettes. Bolitas al vapor de pescado, carne o verdura. Las más populares son las de chayota, el chou chou local.
- Ron mauriciano. Se elabora con melaza y también con zumo puro de caña, y envejece en barricas de roble. Lo puedes catar en las propias destilerías.
- Cerveza mauriciana. Las lager de la cervecería Phoenix y las artesanales de The Thirsty Fox y Flying Dodo. Con el calor me parecieron estupendas.
- Teokon farci. Tofu relleno al vapor bañado en un caldo claro. El nombre mismo ya mezcla el criollo con el francés.
- Briani de pollo. La versión mauriciana del biryani indio, con arroz basmati y pollo marinado. Se sirve con verduras encurtidas y chutney.
- Haleem. Sopa espesa de trigo, lentejas y carne con muchísimas especias. Acompañada de un pan plano, vale también como plato principal.
- Curry criollo. La base de la carta en toda la isla: de pollo, de pescado o de gambas, con arroz y un montón de acompañamientos, de las lentejas a las verduras encurtidas. El mejor lo comes en los pequeños restaurantes familiares.
- Rougaille. Un guiso criollo de tomate, cebolla, ajo y especias al que se le añade pescado, salchicha o huevo. Después del curry, el plato criollo más común.
- Gâteaux piment. Bolitas fritas de guisante amarillo partido con chile. El bocadito más extendido de la isla; se venden por unidades.
- Samosa. Triángulos fritos rellenos de patata.
- Chana puri. Bolitas esponjosas de masa fermentada, rellenas. El chana puri es mi favorito.
- Hakien. Los rollitos de primavera mauricianos, rellenos de carne, gambas y verdura. El doble rebozado los deja extracrujientes.
- Piment farci. Chiles rellenos de una mezcla de carne y gambas, rebozados y fritos. El picante es una lotería: depende de si el cocinero ha dejado dentro las semillas o no.
- Gato arouille. Bolitas fritas de raíz de taro rallada con jengibre. Crujientes por fuera y tiernas por dentro.
- Tekwa. Una empanadilla dulce frita rellena de guisantes amarillos con hinojo y coco. Para mí, el sabor nuevo más interesante que descubrí en la isla.
- Alouda. Un batido de leche con semillas de albahaca y gelatina de agar rallada, muchas veces con una bola de helado. Refrescante y no demasiado dulce.
- Achard. Fruta y verdura encurtidas en una mezcla con cúrcuma, semilla de mostaza y aceite de semilla de algodón. Acompaña a los platos principales igual que un chutney.
- Piña con chile y mango verde encurtido. Un bocado callejero de los mercados y de los chiringuitos de playa. La fruta dulce con el chile picante funciona de maravilla.
- Satini pomme d'amour. Un chutney crudo de tomate con cebolla, cilantro y chile; en la isla acompaña a casi cualquier plato.
- Ensalada de gâteaux piments. Los bocaditos desmenuzados y mezclados con tomate, pepino y cilantro. En Mauricio se sirve con una cerveza bien fría.
- Pescado y marisco. Fresco del océano Índico, tanto en los mercados como en los restaurantes. Unos calamares increíblemente tiernos me los sirvieron de entrante en un restaurante familiar de Flic en Flac.
- Rasgulla. Bolitas de leche fritas y empapadas en almíbar. La elaboración mauriciana se aparta de la india: en la isla las bolitas se fríen primero.
- Napolitaine. Una galleta rosa que no pasa desapercibida: dos discos de masa quebrada unidos con mermelada y bañados en glaseado. Pese al nombre, un dulce puramente mauriciano.
- Sagoo au lait. Leche endulzada con perlas de tapioca y especias. La textura recuerda a unas natillas líquidas.
- Coco fresco. El vendedor abre el coco a machetazos, te bebes el agua y luego te saca la pulpa. A mí me sabe a nueces tiernas.
- Lichi. En temporada, a partir de diciembre, la isla está literalmente inundada de ellos. Recién cogido del árbol sabe completamente distinto del que nos llega a Chequia.
- Zumo de caña de azúcar. En los mercados lo exprimen delante de ti. No es tan dulce como uno esperaría.

Las bebidas típicas mauricianas
La bebida sin alcohol tradicional de Mauricio es el alouda. Leche entera y leche condensada bien frías, un sirope aromatizado, semillas de albahaca en remojo y gelatina de agar rallada, y muchas veces una bola de helado encima. Lo probé en el famoso puesto Alouda Pillay del Mercado Central de Port Louis y estaba buenísimo: refrescante, no demasiado dulce y con un punto agradable de vainilla.
Con el calor también se agradece un coco fresco: hay puestos de cocos en las playas y en los mercados, y el vendedor te lo abre a machetazos delante de ti. En los mercados encontrarás además zumo de caña recién exprimido.
La isla tiene también su propio té. La plantación de Bois Chéri, en el sur, cultiva té desde 1892, y el té negro con vainilla te lo ponen hasta en el desayuno del hotel. Además el paquete viaja de maravilla: está entre mis recomendaciones de qué comprar en Mauricio.
El mercado cervecero lo domina la cervecería Phoenix, que produce cerveza desde 1963. Junto a sus lager merece la pena probar las marcas artesanales The Thirsty Fox y Flying Dodo: la cerveza mauriciana me sorprendió gratamente con el calor que hacía.
Pero Mauricio es sobre todo un país de ron. La tradición de su producción se remonta al siglo XVIII y marcas como Chamarel, Medine o Saint Aubin elaboran rones blancos y añejos a partir de melaza y de zumo de caña. Con ron blanco, lima y sirope de caña se prepara el cóctel local Ti Punch.


Cómo disfrutar al máximo de la comida mauriciana
- Prueba el plato nacional, el dholl puri, directamente en la calle. El sitio más fácil para probarlo es Port Louis, por ejemplo en el Mercado Central o en los puestos de alrededor.
- Elige los sitios donde hay cola de gente local. En las zonas turísticas es la pista de calidad más fiable. Así fue exactamente como encontré mis locales de comida favoritos en Flic en Flac.
- Ve a comer pronto. Los bocaditos más populares, como el hakien o el gato arouille, hacia las dos de la tarde solían estar agotados.
- Sal a buscar street food a los mercados del interior. En Curepipe y Quatre Bornes te cruzarás con muy pocos turistas y se come más barato que en la costa.
- Ve con cuidado con el picante. Tanto las salsas de la mesa como los piment farci pueden picar de verdad. Siempre puedes pedir más, y al vendedor además le encantará.
- Compra fruta de temporada. El lichi, el mango o la piña maduran en la propia isla y de sabor están en otra liga comparados con la fruta que nos llega tras recorrer medio mundo.
- Deja sitio en la maleta. El ron, el té con vainilla o las mezclas de especias son unos souvenirs estupendos: he hecho una lista de qué comprar en Mauricio.

La mejor comida mauriciana
Si tuviera que elegir tres favoritos personales, la mejor comida mauriciana para mí es esta:
- Tekwa. La compré a ciegas y fue el sabor nuevo más interesante de todo el viaje. La combinación de guisante amarillo, hinojo y azúcar suena a disparate, pero créeme: funciona.
- Bol renversé. Más carne, nada de fritura y encima un pequeño espectáculo al servirlo. Justo lo que agradecí en una cocina mauriciana tan cargada de hidratos.
- Chana puri. Masa fermentada esponjosa y un relleno de patata y guisante estupendamente sazonado; me gustó tanto que en Chequia lo echo literalmente de menos.

Los mercados y el street food de Mauricio
Los mercados son para mí el mejor sitio para conocer la cocina mauriciana. El más conocido es el Mercado Central de Port Louis: naves llenas de fruta, verdura, hierbas y especias, al lado los puestos de carne y de pescado y, en un edificio aparte, pequeños locales de comida. Recomiendo no perdértelo aunque no vayas a comprar nada.
Una alternativa más moderna es el Mercado de la estación Victoria, de donde salen los autobuses a toda la isla. Antes de volver a Flic en Flac me compré allí unos cuantos gâteaux piments y algún bocadito más.
Si quieres comer donde comen los mauricianos, vete al interior. El Mercado de Curepipe me conquistó por su edificio de colores y por los food trucks de alrededor, y el Mercado de Quatre Bornes, por su zona de restauración llena de locales pequeños. A los dos llegas cómodamente desde Port Louis en el tranvía nuevo con aire acondicionado.

Excursiones gastronómicas por Mauricio
El azúcar y el ron forman parte de Mauricio tanto como las playas, y se pueden convertir en una excursión. En el museo L'Aventure du Sucre, en Pamplemousses, recorres un antiguo ingenio azucarero y la historia de la caña en la isla. A mí lo que más me divirtió fue la cata: una decena de tipos de azúcar que saben de verdad distinto.
A los amantes del ron les encantará la Rhumerie de Chamarel: una visita por todo el proceso de elaboración que termina con una cata de ocho muestras. Cuenta con que hasta aquí vas a querer venir en taxi.
Y si vienes en temporada, prueba a parar en alguna de las plantaciones de lichis: delante de casi todas hay un puesto con fruta recién recogida. A mí, gracias a un acuerdo con los agricultores, me dejaron ver la recolección de cerca, y el lichi cogido directamente del árbol sabía increíble.

Cómo dar las gracias por la comida mauriciana
En Mauricio te apañas en inglés y en francés, pero entre ellos los mauricianos hablan criollo mauriciano.
"Mersi" (mersi): gracias. Viene del francés "merci" y se usa exactamente igual. Si quieres dar las gracias con más énfasis, di "Mersi bokou" (mersi boku): muchas gracias.
Lo más probable es que te contesten "Padkwa": de nada.
Curiosidades sobre la comida mauriciana
- La caña de azúcar la trajeron a Mauricio los colonos neerlandeses ya a principios del siglo XVII. Con el clima tropical húmedo creció tan bien que en el siglo XIX la isla llegó a estar entre los grandes productores mundiales de azúcar.
- El bagazo de la caña no se tira. Se transforma en biocombustible con el que se produce electricidad en la isla.
- Los campos de caña se queman antes de la cosecha. Las hojas finas arden y a los trabajadores les quedan solo los tallos gruesos; la quema necesita permiso y suele hacerse de noche.
- El roti y el farata se diferencian solo en la forma. El pan plano redondo es el roti y el cuadrado, el farata; la masa y los rellenos son los mismos.
- El caldo caliente con bolitas es un plato popular incluso con treinta grados. Esperaba que fuera lo último que se pediría un mauriciano, y acabé pidiéndolo yo también, y más de una vez.
- El nombre del teokon farci mezcla dos idiomas. Teokon es "tofu" en criollo y farci, "relleno" en francés; difícilmente encontrarás mejor muestra de cómo se entrelazan las cocinas de la isla.
- Las verduras encurtidas achard llevan aceite de semilla de algodón. Su sabor es muy particular y no le gusta a todo el mundo, así que recomiendo empezar por un envase pequeño.
- En la isla se cultiva té desde 1892. La plantación de Bois Chéri, en el sur, sigue abasteciendo de té negro con vainilla a todo Mauricio.
- En Mauricio todas las botellas de cerveza de vidrio son de casco retornable. La cervecería artesanal Flying Dodo elabora además lotes mínimos de apenas 500 litros y cada mes se inventa una receta nueva.
- Los árboles de lichi se protegen con grandes redes. La fruta madura es un manjar para los pájaros y los zorros voladores de la isla. Se recoge a mano y con un trocito de rama: una vez cogido, el lichi ya no madura.
- La terminal de tranvía de Curepipe lleva el nombre de Jan Palach. Cuando pregunté por él en un puesto de comida, me enseñaron con orgullo el cartel con su nombre. Una huella checa inesperada en medio del océano Índico.

¡Disfruta de Mauricio y de la mejor comida mauriciana!
Creole Shack: almuerzo criollo en Flic en Flac
En Creole Shack, en Flic en Flac, nadie te trae la carta: la mesa se reserva un par de días antes por WhatsApp y no sabes qué vas a comer hasta que te sientas. La dueña cocina cada día un único menú de tres platos y lo único que eliges es entre pollo y gambas. Y fue precisamente aquí donde comí los mejores gâteaux piments de todo Mauricio.
Bol renversé: el cuenco mauriciano del revés
El bol renversé es un plato mauriciano con truco: un cuenco que se rellena al revés - huevo, carne con verduras en salsa de soja y ostras, arroz - se vuelca sobre el plato y el camarero lo destapa ya en la mesa. Nació en la comunidad china de la isla a partir del chop suey cantonés y hoy se cocina por todo Mauricio y también en Reunión. Lo comí en Flic en Flac y en una cocina donde casi todo pasa por la freidora fue una excepción que se agradece.
Gato arouille: las bolas fritas de taro de Mauricio
El gato arouille es una bola frita mauriciana de taro crudo rallado, aliñada con jengibre, sal, una pizca de azúcar y salsa de soja. Se vende caliente y por unidades como gajak, el picoteo callejero que acompaña a la cerveza. Superficie crujiente, interior blando y fibroso, y un ingrediente que la cocinera ralla con guantes, porque en crudo pica.
Roti y farata: panes planos mauricianos rellenos de curry
El roti y el farata son los dos panes planos más comunes de Mauricio: el roti, liso y redondo, y el farata, en capas y cuadrado, ambos hechos a la plancha, rellenos de curry y enrollados en papel. Los trajeron los trabajadores contratados indios después de 1834; el rollo lo inventó la isla. Los comí en los chiringuitos de playa de Flic en Flac: el vegetariano, por 20 MUR (0,40 EUR); con carne, 50 - 70 MUR (1 - 1,40 EUR).
Ron mauriciano: destilado de melaza y de zumo de caña
El ron mauriciano tiene dos caras: la más antigua, de melaza, y la más joven, de zumo fresco de caña, que la isla prohibió durante décadas tras la independencia. Te cuento por qué el ron de zumo no puede llamarse agricole, qué le hace la barrica en el trópico, de dónde le viene el nombre al Penny Blue y cómo comprar al mejor precio la botella que te llevarás a casa.
Mine bouillie: los fideos hervidos de Mauricio
El mine bouillie es un plato de fideos de huevo hervidos con carne y verdura, el más humilde de los que dejaron en Mauricio los inmigrantes chinos. Bajo un mismo nombre se esconden dos versiones - fideos secos con salsa y huevo, o fideos en caldo claro de jengibre - y cuál te sirven lo decide el local. Dan lo comió en Flic en Flac y explica por qué, pese al nombre francés, no es ninguna papilla.
Lichi: la fruta tropical que en Mauricio madura por Navidad
En Mauricio el lichi no se recolecta: se corta, y con la ramita, porque una vez arrancado ya no madura, solo se pone marrón. El árbol chino lo trajeron los franceses en 1764 y hoy la isla se come la mayor parte de la cosecha, mientras que el lichi navideño de Europa viene de Madagascar. Estuve en un huerto durante la cosecha: el fruto recién cortado sabe distinto a todo lo que nos llega.
Farata Aka Vinoda: farata en plena playa de Flic en Flac
Un chiringuito de techo de chapa en la playa de Flic en Flac mantiene en Google una nota que ya quisieran muchos restaurantes. Farata Aka Vinoda rellena sus farata recién hechos de todo, desde verduras hasta pulpo, la cola del mediodía avanza deprisa y los precios siguen siendo los mismos que en los locales alejados de las playas turísticas.
Lao Fang Zi: restaurante cantonés en Flic en Flac
Lao Fang Zi, Casa Vieja en chino, es un restaurante cantonés cerca del centro de Flic en Flac y, a la vez, uno de los locales más jóvenes de la escena china de la isla. Aquí cocinan los descendientes de los inmigrantes de Cantón y Meixian, los que le enseñaron a la isla los fideos fritos y las bolitas al vapor. Cena por unos cientos de rupias: dos platos de pollo, una ración grande de arroz y el único pago con tarjeta que hice en un restaurante en toda mi estancia en la isla.
Napolitaine: la galleta mauriciana con glaseado rosa
La napolitaine es la galleta rosa de las panaderías mauricianas: dos discos de masa quebrada de mantequilla pegados con mermelada de guayaba o de fresa y cubiertos por un glaseado duro de azúcar. El nombre promete Nápoles, pero con Italia no tiene nada que ver: es la merienda de todo Mauricio, que la isla solo comparte con la vecina Reunión y que en una lata aguanta varios días.