El té turco
El té turco (Türk çayı) es una bebida fuerte de color rojo oscuro hecha con té negro. En Turquía el té marca el ritmo del día, el té es un motivo para parar, el té es ese gesto de hospitalidad del que aquí no te libras.
A diferencia de los delicados rituales del té de Asia Oriental, el té turco es robusto y se bebe caliente incluso con el mayor calor del verano. Se sirve en vasitos con forma de tulipán, que realzan su color caoba transparente, ese que los turcos llaman con cariño "tavşan kanı", sangre de conejo.

Aunque casi todo el mundo, al oír el nombre del país, piensa en el famoso café turco, la realidad en la calle es otra. El café es "cosa de días señalados, un postre". El té es agua, aire y combustible.
Este cambio tiene raíces históricas. Tras la caída del Imperio otomano y la pérdida de los territorios desde los que se importaba el café (Yemen, por ejemplo), el producto se volvió caro y escaso. La joven república necesitaba una alternativa autosuficiente. Las laderas húmedas y lluviosas de la región del mar Negro, alrededor de la ciudad de Rize, resultaron ideales para cultivar la planta del té. El Gobierno apoyó la producción y en unas pocas décadas Turquía se convirtió en una potencia del té. Hoy Turquía es uno de los mayores consumidores de té por habitante del mundo, muy por delante de Gran Bretaña.
En Turquía beben té los obreros de la construcción, los banqueros de los rascacielos y las abuelas sentadas en el umbral de casa.

Preparar el té turco exige un cacharro especial llamado çaydanlık. En realidad son dos teteras, una encima de la otra. En la parte inferior, la más grande, hierve el agua. En la de arriba, más pequeña, están las hojas de té a granel, que primero se "despiertan" y se calientan solo con el vapor que sube del recipiente de abajo. Solo cuando el agua rompe a hervir se mojan las hojas de arriba y se baja el fuego al mínimo. Así se obtiene un concentrado fuerte llamado "dem". En la tetera superior el té no cuece a borbotones, sino que se va infusionando con el calor hasta que las hojas caen al fondo. El resultado es un extracto que por sí solo sería casi imbebible de puro amargo.
El té se sirve en los típicos vasitos de cintura estrecha. Esa forma no es una antigua herencia otomana, como muchos creen: se popularizó en los años cincuenta del siglo XX. El motivo era sencillo: el vidrio salía más barato que la porcelana y la forma de tulipán mantiene la bebida caliente mucho tiempo en la parte de abajo, mientras que el borde abierto deja que el té se enfríe más rápido para que no te quemes. El anfitrión sirve un poco del concentrado fuerte (dem) y lo rebaja con agua hirviendo de la tetera de abajo según el gusto del invitado: "açık" (claro, más flojo) o "koyu" (oscuro, fuerte).

Todo este ecosistema lo completan los llamados "çaycı". Son los chicos del té, que con una destreza increíble reparten vasitos por bazares, oficinas y tiendas. Para ello usan una bandeja plateada colgada de tres cadenitas con un asa arriba, que funciona como un péndulo. Gracias a la fuerza centrífuga y a la física pueden balancear la bandeja sin que el té se derrame ni siquiera entre la multitud del Gran Bazar.

¿Y tú qué tal con el té turco? ¿Te ha conquistado a ti también, o eres más de café local?
Yo no me imagino una visita a Turquía sin té.
¡Salud!