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Mercado de la Vucciria: donde Palermo trasnocha

Dan Špaňhel Italia Actualizado Sin comentarios

El siciliano tiene su propia versión del "cuando las ranas críen pelo": i balati ra Vucciria 'un s'asciucanu mai - las losas de la Vucciria no se secan nunca. Durante siglos fue una apuesta segura, porque los puestos de pescado regaban las piedras de la mañana a la noche para que la captura aguantara al sol. Hoy es una apuesta perdida: de los puestos de pescado queda un puñado y más de una mañana las losas se secan antes de que el mercado se despierte.

La Vucciria es el más famoso de los mercados históricos de Palermo: un laberinto de callejuelas y dos plazas entre via Roma y el puerto viejo, de día un mercado que agoniza y, en cuanto anochece, una de las escenas de street food más vivas de Italia.

Vucciria: cartel ilustrado del mercado a la entrada del barrio.
Vucciria: cartel ilustrado del mercado a la entrada del barrio.

La carnicería de la que solo quedó una palabra para el jaleo

Pregunta en Palermo qué significa vucciria y te dirán: confusión, alboroto, jaleo. El origen real de la palabra es bastante más prosaico - y bastante más carnicero. El nombre llegó con los franceses: de boucherie, carnicería, salió en Sicilia el término bucceria, porque el mercado creció alrededor del sacrificio de machos cabríos (becco en siciliano) y de la venta de carne. Hicieron falta siglos de griterío de mercado para que la palabra ganara un segundo significado, que acabó ahogando el primero. Así que la Vucciria no debe su nombre al jaleo que arma: es justo al revés, la palabra palermitana para el jaleo debe el suyo al mercado.

Vucciria: puesto de fruta y verdura por la mañana.
Vucciria: puesto de fruta y verdura por la mañana.

La plaza se la dio un virrey, la fama un pintor

Nadie sabe con certeza cuándo se empezó a vender aquí: las fuentes bailan entre la época árabe y el siglo XII, cuando en el puerto cercano fondeaban los mercaderes genoveses y pisanos. El primer dato firme es de 1783, cuando el virrey Caracciolo le dio al corazón del mercado forma de plaza con soportales; todavía hoy lleva su nombre. De la fama se encargó un pintor: en 1974, Renato Guttuso metió el mercado entero - pescado, carne, verdura y el agobio de la gente - en un lienzo, La Vucciria, de tres metros de alto y otros tres de ancho. El cuadro cuelga en el Palazzo Steri, a pocos minutos a pie del mercado, y en él suele verse más mercancía que en el mercado de verdad. De hecho, te encontrarás antes con la Vucciria pintada que con la real: su propio cartel cuelga de una pared nada más entrar en el barrio. Hoy el mercado vive en parte de recordarse a sí mismo.

Vucciria: puesto de casquería listo para la venta.
Vucciria: puesto de casquería listo para la venta.

De día duerme, de noche enciende la parrilla

La Vucciria de día es más el recuerdo de un mercado que un mercado: cuatro puestos de verdura, algún pescado suelto y muchas persianas bajadas. Los mercados hermanos - Ballarò, el más antiguo y el más grande de la tríada palermitana, y el del Capo - aguantan bastante mejor el día a día.

Al caer la noche, en cambio, se invierten los papeles. La plaza Caracciolo se llena de mesitas y de carritos de bebidas, suena la música y en las parrillas se prepara street food siciliano: la stigghiola perfuma de humo medio barrio, se fríen las panelle de garbanzo, se corta el sfincione y a los más atrevidos se les prepara el pane ca meusa, un panecillo con bazo guisado. Para acompañar, cerveza Messina: una marca siciliana que su dueño multinacional dejó morir y y que quince antiguos empleados resucitaron más tarde convertidos en cooperativa. Quien quiera ver el mercado tiene que venir por la mañana; quien quiera vivir la Vucciria, que venga de noche. Los vecinos de las casas de alrededor replicarían que ellos ya la viven de sobra: las peleas por el ruido nocturno forman parte del barrio tanto como el humo de las parrillas.

Vucciria: parrilla de casquería en plena calle.
Vucciria: parrilla de casquería en plena calle.

El primer mercado con el que te topas

Yo no busqué la Vucciria: me encontró ella a mí. Bastó con bajar por via Roma, oler el humo de las parrillas y dejarme arrastrar hacia los puestos. Recorrí las callejuelas de arriba abajo: un vendedor sacaba casquería de un puchero de hojalata, un poco más allá le daban la vuelta a la stigghiola en una parrilla con ruedas y por encima de las cabezas de la gente que pasaba corría ese griterío que aquí tiene nombre propio. La Vucciria es una de las paradas turísticas obligatorias de Palermo y se nota: yo prefiero Ballarò o el del Capo, que quedan más lejos del centro y miran más por sus clientes que por el público. Pero el paseo merece la pena de sobra: toma algo de la parrilla, pide una Messina y quédate un rato mirando el trajín.

Mercato della Vucciria

Dan Špaňhel

Dan Špaňhel

Soy Dan. Escribo solo sobre lo que he probado en persona - del puesto callejero a la estrella Michelin. Por la comida he recorrido medio mundo y me he atrevido con todo - con lo posible y con lo imposible.

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