Cerveza israelí: la lager kosher Goldstar
Un israelí bebe de media catorce litros de cerveza al año; un checo se los despacha en cinco o seis semanas. Y encima paga por ella uno de los precios más altos del mundo, porque el Estado grava el alcohol sin piedad. Aun así, el país tiene una cerveza en la que todos coinciden: la Goldstar (en hebreo: גולדסתאר) es una lager ámbar de 4,9 % de alcohol y la cerveza más vendida de Israel - en la lata se anuncia como dark lager y en los bares israelíes es sencillamente el estándar.

Una estrella que no es la de David
El nombre significa estrella de oro y la estrella de seis puntas de la etiqueta lleva directamente a pensar que es la de David. Pero la cerveza tiene su propia heráldica: el Bierstern de seis puntas era el distintivo de los maestros cerveceros alemanes de la Edad Media y señalaba una cerveza limpia y bien elaborada - y de ahí lo tomó prestado la Goldstar. La más israelí de las cervezas lleva así en la etiqueta un trozo de historia gremial alemana, y desde 2005 también un trozo de los Países Bajos: el cuarenta por ciento del fabricante, la empresa Tempo de Netanya, está en manos de Heineken. Kosher sí que es, aunque en Pésaj no cuentes con ella: una cerveza de cereal no pasa la prueba en la fiesta de los panes ácimos.
Una receta de estilo pilsen para los soldados británicos
La primera cervecería industrial del país la levantó en 1934 la familia Rothschild en Rishon LeZion, junto a unos manantiales célebres por la calidad de su agua, y elaboraba cerveza de estilo pilsen: su clientela principal eran los soldados británicos de la administración del Mandato, sedientos de lager europea. La Goldstar, según las fuentes hebreas, se elaboró por primera vez en 1940; sobre el momento exacto en que se convirtió en la número uno del país, las fuentes no se ponen de acuerdo. Lo que sí es seguro es que, tras la fusión de tres cervecerías en 1973, la empresa resultante controlaba alrededor de nueve décimas partes del mercado israelí - y de ahí salió la Goldstar como líder, y lo sigue siendo hasta hoy. Su eterna rival, la Maccabee, en su día el nombre más prestigioso, tuvo que conformarse con el segundo puesto.
Dark lager que no es oscura
El dark lager de la lata hay que leerlo en clave de Oriente Medio: en una taberna checa se hablaría más bien de una cerveza semioscura. La Goldstar es una lager ámbar de corte muniqués: de perfil maltoso, redonda, con un amargor apenas insinuado. Quien busque una cerveza de verdad oscura, que tire de la variante Black Roast; también hay una versión sin filtrar y la Goldstar 10. Ojo con ese diez: en la República Checa marca una cerveza ligera para acompañar la comida, aquí es un diez por ciento de alcohol. Desde mediados de los años dos mil han ido apareciendo también microcervecerías israelíes, pero la primera cerveza que coges en la tienda sigue siendo la Goldstar. Se bebe bien fría, con hummus, con carne a la brasa o con el fútbol en la tele. Y un consejo por encima de todos: cómprala en la tienda; en un restaurante la misma cerveza cuesta bastante más, y una jarra en un bar de Tel Aviv está entre las más caras del mundo, que el impuesto especial no perdona.

Una lata del supermercado de Jerusalén
La Goldstar no la compré en un bar, sino en un supermercado de Jerusalén: una lata de medio litro por 13 ILS (3,60 EUR). En un restaurante esa misma cerveza pasa sin esfuerzo de los 20 ILS (6 EUR), una cuenta que le quita las ganas de excesos al visitante checo en un abrir y cerrar de ojos. Tanto la clásica como la sin filtrar entraban bien: base maltosa suave, un final ligeramente acaramelado y un amargor que aparece casi por cortesía - el carbónico de una lager checa de doce grados no lo vas a encontrar. Probé una lata de cada una y ahí lo dejé. Catorce litros por cabeza y año en Israel dejaron de parecerme pocos: son una decisión presupuestaria.