¿Qué comprar en Polonia?
Polonia, un país lleno de historia, de pierogi, de naturaleza preciosa y de excelentes especialidades gastronómicas. Cada vez que vuelvo de allí me traigo un montón de delicias locales: embutidos tradicionales como las kiełbasy o los kabanosy y, por supuesto, los deliciosos krówki. Pero los que ganan por goleada son las ciruelas polacas secadas al humo y el kisiel. ¿Qué me traigo una y otra vez de mis viajes por Polonia? ¿Cuáles son mis recomendaciones para los mejores souvenirs gastronómicos polacos?
Los caramelos polacos krówki
Los krówki son los caramelos tradicionales de Polonia y tienen fans mucho más allá de sus fronteras. Su nombre significa "vaquitas". La receta original llevaba solo tres ingredientes: leche, azúcar y mantequilla. La sencillez de la preparación y su delicioso sabor convirtieron los krówki en un éxito inmediato y su popularidad creció deprisa.

Los krówki polacos tienen un sabor inconfundible: son dulces, con un aroma suave a caramelo y un fondo ligeramente mantecoso. Al morderlos están duros al principio, pero enseguida se deshacen en la boca y dejan una sensación cremosa muy agradable. Su textura está equilibrada para que el caramelo no se pegue a los dientes y, aun así, dure un buen rato.
Los krówki son probablemente el souvenir gastronómico y el regalo más popular de Polonia.
Precio de un paquete de 250 g de caramelos polacos krówki: 9,45 PLN (2,30 EUR)
Las ciruelas polacas secadas al humo
La suska sechlońska es una delicia tradicional de Silesia, la región del suroeste de Polonia. Se elabora con una variedad especial de ciruela que solo se cultiva en determinadas zonas de Silesia. Son ciruelas más pequeñas y más dulces que las variedades corrientes y tienen mucho azúcar, lo que las convierte en la materia prima ideal para el secado.

Se elabora con una variedad especial de ciruela que solo se cultiva en determinadas zonas de Silesia. Son ciruelas más pequeñas y más dulces que las variedades corrientes y tienen mucho azúcar, lo que las convierte en la materia prima ideal para el secado. El proceso de producción lleva su tiempo y exige experiencia. Las ciruelas se recogen a mano, se lavan y se deshuesan. Después se extienden de manera uniforme sobre cribas y se secan con humo frío, lo que les aporta un sabor y un aroma añadidos.

El resultado son frutos pequeños, oscuros y arrugados, de sabor dulce intenso con un fondo ligeramente ácido. La suska sechlońska triunfa sobre todo en Navidad, como parte del menú tradicional. También se usa en postres variados: tartas, strudels o compotas.
Desde 2010 la suska sechlońska cuenta con la indicación geográfica protegida de la UE, que confirma su singularidad y su importancia para la tradición culinaria polaca.
Precio de un paquete de 250 g de suska sechlońska (con hueso): 9,19 PLN (2,20 EUR)
Precio de un paquete de 1 kg de suska sechlońska (sin hueso): 34,69 PLN (8,20 EUR)
Las salchichas polacas
Polonia es famosa por sus excelentes salchichas. Si asocias el país sobre todo con los embutidos baratos y de mala calidad que se importan a la República Checa, comprarlos directamente allí te sacará del error enseguida. Del último viaje me traje una salchicha de caza y la llamada salchicha "tierna". Las dos estaban buenísimas y tengo que añadir que salchichas tan buenas solo las había probado hechas en casa.
La kiełbasa mysliwska, es decir, la salchicha de caza, es una salchicha ahumada de sabor y aroma intensos y muy característicos. Se hace con carne de cerdo picada fina y mezclada con especias como ajo, pimienta o mejorana, entre otras. La mezcla se embute en tripa natural y se deja madurar varios días para que los sabores se fundan bien. Después las salchichas se ahúman con humo frío de madera dura.

La kiełbasa krucha domowa, o salchicha tierna, es un producto cárnico regional típico del distrito de Świdwin, en Polonia, que en 2015 se incluyó en la lista de productos tradicionales polacos. Su historia se remonta a 1974 y la receta se basa en carne de cerdo de calidad y especias como ajo, pimienta negra, mejorana, cardamomo y sal. La mezcla de carne madura 24 horas, luego se embute en tripa fina de cerdo, se seca y se ahúma con madera de haya o de árboles frutales. El producto destaca por su larga conservación y por su característico regusto a cardamomo.

Precio de un paquete de 355 g de salchicha de caza polaca: 20,87 PLN (4,90 EUR)
Precio de un paquete de 340 g de salchicha tierna polaca: 12 PLN (2,80 EUR)
Los kabanosy polacos
El kabanos polaco es un embutido tradicional del país, un salchichón largo, fino y curado, de sabor intenso, aroma marcado y aspecto inconfundible. Los kabanosy se hacen sobre todo con carne de cerdo de calidad, aunque también puedes encontrar versiones de ternera o de pavo. Primero se trocea la carne y se mezcla con sal y especias cuidadosamente elegidas. La receta exacta varía según el fabricante, pero lo más habitual es ajo, pimienta y alcaravea, y a veces otras especias como pimentón o nuez moscada. Las hay incluso con jalapeños.


La mezcla de carne ya preparada se embute en tripa natural fina y se deja madurar varios días en frío. Después, los palitos de kabanos se ahúman con humo frío de haya o de madera de árboles frutales. A continuación se secan hasta que alcanzan la textura y la conservación deseadas. Un kabanos polaco bien hecho debe crujir suavemente al partirlo o cortarlo y dejar ver en el corte el veteado de la carne y pequeños trozos de grasa. Los kabanosy se sirven casi siempre como aperitivo frío con cerveza o vino, pero también funcionan de maravilla como tentempié de viaje o dentro de una tabla de embutidos.

Precio de un paquete de 90 g de kabanosy polacos de ternera: 6,79 PLN (1,60 EUR)
Precio de un paquete de 95 g de kabanosy polacos con jalapeños: 5,29 PLN (1,30 EUR)
Precio de un paquete de 95 g de kabanosy polacos de cerdo: 5,29 PLN (1,30 EUR)
El postre polaco ptasie mleczko
El ptasie mleczko, que en polaco significa "leche de pájaro", es un dulce polaco muy querido hecho de una espuma esponjosa cubierta con una fina capa de chocolate. Su historia en Polonia se remonta a 1936, cuando Jan Wedel se inventó el nombre.

Los ingredientes principales del ptasie mleczko son azúcar, gelatina, huevos y distintos aromas, como vainilla o cacao. Tiene una textura muy fina y esponjosa que literalmente se deshace en la boca. El sabor es dulce, con un toque suave del aroma empleado y un contraste agradable con la capa crujiente de chocolate. Al principio el ptasie mleczko solo se hacía con sabor a vainilla, pero poco a poco fueron apareciendo más variantes.
En Polonia el ptasie mleczko se vende en pastelerías, supermercados y tiendas especializadas en dulces. Lo hay en tamaños y formas de todo tipo, desde bocaditos pequeños hasta postres más grandes. La calidad varía según el fabricante y algunas pastelerías lo siguen elaborando a mano con las recetas de siempre. Tras largos pleitos de patentes, la marca "Ptasie mleczko" quedó registrada a nombre de la empresa E. Wedel, así que el resto de fabricantes saca productos parecidos con nombres ligeramente cambiados, como "leche alpina", "leche del paraíso", "leche de ángel" o "espuma celestial". En Rusia también tienen su versión, creada en 1967 por la pastelera Anna Chulkova en Vladivostok. Y un postre parecido al ptasie mleczko existe también en Armenia.
Los canutillos rellenos polacos rurki
Los rurki son otra delicia tradicional de Polonia. Se trata de canutillos dulces de distintos tipos de masa, rellenos de cremas variadas, casi siempre de una crema de leche, azúcar y mantequilla.

El origen exacto de este postre polaco no está del todo claro, pero probablemente sea una especialidad regional de Silesia, en el sur del país. La masa de los rurki se prepara con harina, mantequilla, azúcar y huevos, y a veces se le añade un poco de ron o ralladura de limón para realzar el sabor. La masa se estira en una lámina fina y se corta en tiras que luego se enrollan con cuidado en unos tubos metálicos y se hornean. Los extremos de los canutillos de masa quebrada se suelen bañar en cobertura de chocolate. Una vez horneados, los rurki se dejan enfriar y se rellenan con la crema que mejor le va a cada tipo de masa.
Preparar este postre exige bastante maña y paciencia, sobre todo al enrollar la masa en los tubos metálicos, pero el resultado merece la pena: unos canutillos quebradizos, aromáticos y sabrosos que se deshacen en la boca. Si viajas a Polonia, no dejes escapar la ocasión de probar esta delicia tradicional.
Precio de un paquete de 150 g de canutillos polacos rurki: 4,65 PLN (1,10 EUR)
Las galletas de pan de especias katarzynki de Toruń
Las katarzynki son las galletas tradicionales polacas de pan de especias de la ciudad de Toruń, reconocibles por su forma de seis medallones unidos. Su historia se remonta al siglo XIV, cuando Toruń se convirtió en el centro de producción de pan de especias de Polonia. Estos dulces se llamaban al principio "miodownik", por la miel que llevaban, y se hacían con materias primas locales y especias importadas. Las katarzynki acabaron siendo uno de los tipos de pan de especias de Toruń más apreciados y están rodeadas de leyendas sobre su origen.

La leyenda más conocida habla de la hija de un panadero, Kasia, que dio con su forma única por casualidad. Otras historias hablan de una monja llamada Catalina o de un aprendiz, Bogumil, que consiguió la receta de la abeja reina. Hoy las katarzynki son un símbolo de Toruń, un souvenir muy apreciado y parte del patrimonio cultural polaco. Cada año se celebra en la ciudad la "Fiesta del pan de especias", donde estas galletas son las protagonistas. Aunque su producción se ha industrializado con los años, las katarzynki conservan su sabor único y una tradición que lleva siglos enamorando.
Precio de un paquete de galletas katarzynki de Toruń: 3,35 PLN (0,80 EUR)
Los barquillos de chocolate Prince Polo
Las galletas polacas Prince Polo son barquillos de chocolate formados por varias capas de oblea crujiente intercaladas con un delicioso relleno de cacao. La galleta entera va cubierta con una capa de chocolate.

Una curiosidad de estas galletas es su larga historia: se fabricaron por primera vez en 1955 en la fábrica Olza, en la ciudad polaca de Cieszyn. Más tarde su nombre cambió a Prince Polo, con el que se conocen hasta hoy.
La segunda curiosidad de las Prince Polo es su enorme popularidad en Islandia, donde están entre los dulces más queridos. A los islandeses se les considera incluso los mayores consumidores de estas galletas del mundo. Cuando el presidente islandés Ólafur Ragnar Grímsson llegó a Polonia el 11 de marzo de 1999, dijo: "Toda una generación de islandeses ha crecido con dos cosas: la Coca-Cola americana y el Prince Polo polaco."
En la República Checa estas galletas se venden con el nombre Siesta.
Precio de un paquete de 35 g de barquillos de chocolate polacos Prince Polo: 1,65 PLN (0,40 EUR)
El postre polaco kisiel
El kisiel es un postre tradicional polaco que recuerda de lejos a las natillas. Su historia se remonta a la Anatolia y la Mesopotamia de hace 9000 años, donde se preparaban platos parecidos con avena, centeno y trigo. En la cocina polaca, kisiel designaba en origen unas sopas espesas de gelatina de pescado, a menudo ácidas o fermentadas, a veces endulzadas y teñidas con zumos de fruta. Esas sopas se comían durante el ayuno. Los kisiel de fruta espesados con fécula de patata, tal como los conocemos hoy, no se extendieron hasta finales del siglo XIX o principios del XX, gracias al aumento de la producción de patata. Prepararlos es más fácil que hacer los kisiel fermentados tradicionales, y eso contribuyó a su popularidad.

Hoy el kisiel forma parte indispensable de la cocina polaca y se sirve a menudo como postre ligero después del plato principal. Prepararlo es bastante sencillo: la base es un zumo o un puré de fruta que se mezcla con azúcar y fécula (normalmente de patata o de maíz). La mezcla se lleva a ebullición sin dejar de remover, luego se vierte en moldes o cuencos y se deja enfriar y cuajar en la nevera. Los sabores más populares son fresa, frambuesa, grosella y cereza, aunque vale casi cualquier fruta.
El kisiel es un postre de lo más refrescante y yo siempre me traigo de Polonia unos cuantos paquetes.
Precio de un paquete de 38 g de kisiel polaco de frambuesa: 1,59 PLN (0,40 EUR)
Inka, el sucedáneo polaco del café
Inka es un café de cereales polaco que se produce desde 1971 en la ciudad de Skawina. La tecnología de producción la desarrollaron científicos polacos y el fabricante es la empresa Grana. Inka no lleva cafeína, así que es una alternativa para quien quiere reducir su consumo o evitarla del todo. La bebida se hace de cebada, centeno y achicoria. Gracias a esta combinación, Inka adquiere su sabor y su aroma característicos, que pueden recordar de lejos al café clásico.

Precio de un paquete de 150 g de bebida polaca Inka: 6,35 PLN (1,50 EUR)
Las patatas fritas polacas con eneldo
Los polacos adoran el eneldo. Por eso las patatas fritas con eneldo no podían faltar en mi lista de souvenirs gastronómicos. Creo que no hace falta añadir mucho más 😊

Precio de un paquete de 130 g de patatas fritas polacas con eneldo: 5,99 PLN (1,50 EUR)
¿Y tú, qué delicias te traes de Polonia?