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Restaurante Vrátnice, Český Krumlov: comer lejos de las trampas para turistas

Dan Špaňhel Chequia Actualizado Sin comentarios

Dos clientes se llevaron del centro de Český Krumlov una cuenta que luego dio la vuelta a todas las webs checas: un agua, dos cafés y un trozo de tarta por 994 CZK (40 EUR), y solo el agua costaba 329 CZK (13,20 EUR). Averiguar dónde ir a comer resultó sorprendentemente complicado: a juzgar por las reseñas, la ciudad me parecía plagada de trampas para turistas, y las pocas recomendaciones que encontré no me convencían. Al final acabé en un local del que las guías no decían ni una palabra.

El Restaurante Vrátnice era un local de cocina checa clásica en el edificio de la antigua portería del hospital, a las afueras de Český Krumlov. Y digo era porque cerró en agosto de 2024 y hoy funciona allí un bufé de autoservicio.

Vrátnice: escalope berlinés con ensaladilla de patata.
Vrátnice: escalope berlinés con ensaladilla de patata.

Por qué el restaurante se llamaba Vrátnice

El nombre no escondía ninguna metáfora: vrátnice significa portería y el edificio de la calle Na Moráni fue de verdad la portería del recinto del hospital de Krumlov, así que el restaurante que se instaló en él se quedó con ese nombre. Estaba a un paso de la estación de autobuses, a un cuarto de hora a pie del centro histórico, y el truco estaba precisamente ahí: quien quiera comer con normalidad en una ciudad turística tiene que ir adonde el turista solo llega por error. La cercanía del hospital no se notaba en el plato; en cambio, desde la terraza se veía el centro histórico.

Lo que dos millones de turistas al año hacen con los precios

Český Krumlov está en la lista de la Unesco desde 1992 y cada año pasan por él unos dos millones de visitantes. Por eso su centro histórico es tan bonito como caro: el medio litro de cerveza puede costar aquí 160 CZK (6,40 EUR) y una carta en varios idiomas con fotos de los platos expuesta junto a la puerta suele ser un aviso más fiable que cualquier reseña. Y eso que la cocina del sur de Bohemia tiene mucho que ofrecer: carpas de los estanques de los alrededores, la sopa de patata de la Selva de Bohemia, la cmunda po kaplicku - las tortitas de patata rallada al horno con carne ahumada - de la cercana Kaplice. Solo que en el centro hay que buscarla. En Krumlov sigue valiendo una regla: cuanto más lejos del castillo, más razonable es la cuenta. El mismo problema lo tuve después en Karlovy Vary; allí lo resolvió el restaurante Le Marché.

Český Krumlov: vista del castillo desde el río Moldava.
Český Krumlov: vista del castillo desde el río Moldava.

El final del restaurante, el comienzo del bufé

En agosto de 2024 el Vrátnice cerró "hasta nuevo aviso" y el aviso ya no llegó. Según un diario regional, el negocio clásico no daba para pagar la energía ni al personal: un restaurante con servicio en mesa necesitaba hasta diez empleados. Hoy en el edificio funciona el Bufet Vrátnice: cuatro personas, un mostrador de autoservicio, abierto solo entre semana de diez a una y media, la sopa a 20 CZK (0,80 EUR) y cualquier plato principal a un precio único de 129 CZK (5,20 EUR). Está pensado para el personal del hospital, para los obreros y para los vecinos; a los turistas, expresamente no, y además reparte cientos de comidas al día a los mayores de Krumlov. Después de años de manteles y carta, el edificio ha vuelto así a su función de servicio. Cualquier checo reconoce en ese formato el comedor de empresa de toda la vida. Y un comedor de empresa nunca ha sido una trampa para turistas, aunque solo sea porque ningún turista da con él.

Vrátnice: postre red velvet.
Vrátnice: postre red velvet.

Escalope berlinés en la terraza de primavera

Salí hacia Krumlov cuando el buen tiempo invitaba a viajar: hasta entonces la ciudad la conocía solo de bajar el río en canoa y nunca me había dado por recorrer el centro con calma. En el Vrátnice se comía así: menú del día todos los días laborables, plato principal con sopa por unas 150 CZK (6 EUR). Sopa mexicana de tomate con nachos y queso y, después, escalope berlinés con ensaladilla de patata, frito hasta quedar dorado y untado bajo el pan rallado con mostaza y rábano picante, que realzaban muy agradablemente el sabor de la carne. En la terraza me tomé además una versión de la tarta red velvet por 75 CZK (3 EUR). Mientras tanto no quedaba una sola mesa libre, el personal aun así daba abasto y la carta prometía más de lo que me dio tiempo a probar. El restaurante que tanto me costó encontrar en Krumlov hoy ya no lo encuentra nadie. Llegué justo a tiempo.

Restaurace Vrátnice

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Dan Špaňhel

Dan Špaňhel

Soy Dan. Escribo solo sobre lo que he probado en persona - del puesto callejero a la estrella Michelin. Por la comida he recorrido medio mundo y me he atrevido con todo - con lo posible y con lo imposible.

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