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Cerveza mauriciana: la lager Phoenix y dos cervecerías artesanales

Dan Špaňhel Mauricio Actualizado Sin comentarios

Mauricio es la isla donde vivió y se extinguió el dodo. La cerveza que se llama Dodo, en cambio, se elabora unos cientos de kilómetros más al oeste, en la Reunión, y Mauricio eligió para la suya el ave fénix. Quien busque ahí un símbolo del renacer pierde el tiempo: Phoenix es, con toda probabilidad, solo el nombre del barrio de la meseta central de la isla donde está la cervecería.

La cerveza mauriciana es la lager rubia Phoenix, que se elabora desde 1963 en Vacoas-Phoenix y con la que se riega casi todo lo que sale de la cocina mauriciana, y junto a ella un puñado de cervezas más jóvenes: las más fuertes Blue Marlin y Spéciale, el radler Fresh, la Manawa de trigo y dos cervecerías artesanales, The Thirsty Fox y Flying Dodo. Para una isla de 1,3 millones de habitantes, es una oferta más que decente. La he probado casi entera.

Phoenix: la lager rubia, la cerveza insignia de la isla.
Phoenix: la lager rubia, la cerveza insignia de la isla.

De dónde salió la Phoenix y quién le hace compañía en el océano

Hasta 1961 en Mauricio no se elaboraba cerveza, solo se bebía: importada, bajo administración británica. Ese año un grupo de empresarios locales encabezado por Pierre Hugnin y por el maestro cervecero Robert Ledoux fundó Mauritius Breweries y el 26 de agosto de 1963 salió de la cervecería la primera botella de Phoenix, una lager de cinco grados que desde entonces no ha salido de la isla. Hoy la empresa se llama PhoenixBev y, junto a la Phoenix, elabora bajo licencia la Guinness. El lema en criollo dice "Nou Pays. Nou Labiere": nuestro país, nuestra cerveza. De ave que renace de sus cenizas, nada. Aunque en una isla tropical la constancia quizá sea un milagro mayor que el renacer.

La Phoenix no está sola en el océano. La Reunión, las Seychelles y Madagascar tienen cada una su lager nacional, y las cuatro son hijas de la época colonial: cervezas rubias de corte europeo, con malta y lúpulo de importación, hechas para un mercado en el que antes se bebía sobre todo lo que daba la caña de azúcar, el ron. Los hermanos no se dan tregua: la Phoenix se exporta a la Reunión, donde compite con la Dodo, y la cervecería seychellense pertenece hoy a la mauriciana. El dodo, mientras tanto, sigue siendo el ave que se extinguió en una isla y vende cerveza en otra.

Blue Marlin: la lager mauriciana fuerte, con un 6 % de alcohol.
Blue Marlin: la lager mauriciana fuerte, con un 6 % de alcohol.

La familia de la Phoenix ha crecido desde los años sesenta. A finales de los ochenta llegó Blue Marlin, con seis grados y un marlín azul en la etiqueta, y más tarde Phoenix Spéciale, con seis y medio: más oscura, más pesada y, para mi gusto, más para los meses frescos. En el otro extremo está Phoenix Fresh, un radler de limón con tres y medio, y la más joven es Manawa, la línea artesanal que PhoenixBev montó en sus propias instalaciones de Pont Fer con un maestro cervecero sudafricano. Manawa elabora golden ale, pale ale, IPA y witbier, y esa witbier es la única cerveza mauriciana de la que supe, al primer trago, que no repetiría. Y eso que la cerveza de trigo me gusta mucho. Así que la culpa no será del estilo.

Phoenix Spéciale: la versión más oscura y fuerte de la lager insignia.
Phoenix Spéciale: la versión más oscura y fuerte de la lager insignia.
Phoenix Fresh: el radler de limón, bajo en alcohol.
Phoenix Fresh: el radler de limón, bajo en alcohol.
Manawa: la cerveza de trigo de una microcervecería mauriciana.
Manawa: la cerveza de trigo de una microcervecería mauriciana.

Un zorro hecho de iniciales y un dodo que vuela

El monopolio de la Phoenix lo rompió en 2011 un brewpub. Flying Dodo, en el centro comercial Bagatelle, es la primera microcervecería de la historia de la isla: elabora en lotes pequeños, no filtra ni pasteuriza y casi todos los meses prueba una receta nueva. Por eso embotella todas sus cervezas en la misma botella azul oscuro y las distingue solo por el color de la cápsula del cuello; así probé yo la navideña Naked Santa Christmas Ale, con siete y medio y especias, y la más suave Nation' Ale. La segunda cervecería artesanal, The Thirsty Fox, la lleva desde 2019 la familia Oxenham, que en la isla hace también vino y ron, y el zorro del nombre es una abreviatura, no un animal: "F" de Fabien y "Ox" de Oxenham; así etiquetaba Fabien Oxenham durante años sus muestras caseras, antes de que se convirtieran en una marca. La gama tiene pale ale, IPA y weiss; la IPA viene en la botella más bonita que he visto nunca en una cerveza: un pez cruza a nado toda la etiqueta y se sale de ella sin ningún reparo.

Thirsty Fox Pale Ale: la pale ale de una cervecería artesanal.
Thirsty Fox Pale Ale: la pale ale de una cervecería artesanal.
Thirsty Fox IPA: la Indian Ocean IPA, más lupulada, de la misma cervecería.
Thirsty Fox IPA: la Indian Ocean IPA, más lupulada, de la misma cervecería.
Thirsty Fox Weiss: la cerveza de trigo de la gama de la misma cervecería.
Thirsty Fox Weiss: la cerveza de trigo de la gama de la misma cervecería.

Cómo se bebe la cerveza en Mauricio y por qué guardar la botella

En Mauricio la cerveza es la bebida del fin de semana, de las celebraciones y de la tarde después del trabajo, y su acompañamiento más fiel se fríe en cada esquina: los gâteaux piments, unos bocaditos fritos de guisantes amarillos bien picantes con los que en la isla se prepara hasta una ensalada para la cerveza y el fútbol. Lo más habitual es comprar la botella grande, de 650 ml. Todas las botellas de vidrio llevan depósito y, mientras que en las corrientes son unos céntimos, en la botella especial de Flying Dodo el depósito son 80 MUR (1,60 EUR), casi la mitad del precio de la cerveza; encima la tienda suele devolvértelo en un vale, no en efectivo. El casco retornable ya lo conocía de Chequia, solo que en la isla se lo toman más en serio. Y el día de las elecciones no se vende nada de alcohol: quien quiera seguir los resultados con una cerveza, compra la víspera.

Flying Dodo: un lote de la cervecería que lleva el nombre del ave extinguida.
Flying Dodo: un lote de la cervecería que lleva el nombre del ave extinguida.

Nueve catas en la isla

Mi primera bebida alcohólica en la isla fue una Phoenix fría del supermercado, tras diez horas de avión desde Estambul, y en ese momento la mejor lager que había bebido en mi vida, mérito más del avión que de la Phoenix. Ligera, limpia, con el lúpulo apenas insinuado: una lager rubia como la que sirve cualquier taberna checa y, después de diez horas de avión, exactamente lo que uno quiere. Blue Marlin y Spéciale aportan cuerpo y un dulzor que con calor no apetece, la Fresh es un refresco de limón y la Manawa la dejé a un lado. La Thirsty Fox Pale Ale fue la cerveza que mejor entraba de todo el viaje, la IPA amargaba más de lo que esperaba de sus 28 IBU y la weiss resultó ligera y discreta. La Flying Dodo sabía a lote pequeño: turbia y especiada. La botella grande de Phoenix, de Blue Marlin y de Spéciale costaba 80 MUR (1,60 EUR), el radler 40 MUR (0,80 EUR), la Manawa 54 MUR (1,20 EUR), el botellín de Thirsty Fox 60 MUR (1,20 EUR) y la Flying Dodo unos 200 MUR (4 EUR) más el depósito. El ave fénix no resucitó de sus cenizas y el dodo sigue extinguido. La cerveza estaba fría, y en la isla con eso basta.

Dan Špaňhel

Dan Špaňhel

Soy Dan. Escribo solo sobre lo que he probado en persona - del puesto callejero a la estrella Michelin. Por la comida he recorrido medio mundo y me he atrevido con todo - con lo posible y con lo imposible.

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