Daheen: el dulce iraquí de la ciudad de Nayaf
El daheen (دهين) es uno de los dulces más característicos y calóricos de toda la gastronomía iraquí. Esta densa especialidad tiene su origen en Nayaf, una ciudad del sur de Irak conocida en todo el mundo sobre todo por ser uno de los lugares más sagrados del islam chií y el lugar donde está enterrado el imán Alí. En la gastronomía iraquí se ha ganado su fama precisamente gracias a este dulce.

El nombre remite directamente al carácter del dulce. La palabra daheen procede de la raíz árabe "dihn", que designa la grasa, el aceite o la manteca. Se puede traducir libremente como "graso" o "grasiento". El nombre no puede ser más certero, porque se trata de un postre con un alto contenido en grasa, que le da una consistencia particular, pesada y untuosa. La textura de un daheen bien hecho recuerda a un fondant muy denso o a un caramelo semisólido que se estira y resulta graso al tacto. El color del postre va del marrón claro al caoba oscuro, según el tiempo de horneado y la cantidad de dátiles empleados.
Los ingredientes básicos de este dulce son sencillos. La masa se prepara mezclando harina de trigo, azúcar, leche y una gran cantidad de grasa, que tradicionalmente es mantequilla clarificada (ghee). El componente clave del sabor es el almíbar de dátil, en Irak llamado dibis. Es precisamente el almíbar de dátil el que aporta al postre su dulzor y su color oscuro. La mezcla se hornea en grandes bandejas metálicas rectangulares o redondas. Durante el horneado la masa va ligando poco a poco hasta que todo se carameliza. Un ingrediente absolutamente imprescindible es el coco rallado seco. Los pasteleros lo esparcen generosamente por el fondo del molde y por la superficie del postre, y así se forma una costra crujiente que contrasta con el interior blando.
El daheen suele venderse en tiendas especializadas o directamente en la calle, desde grandes bandejas de las que los vendedores cortan con espátula la cantidad que les pidas. Se considera una fuente de energía rápida y duradera, de ahí que triunfe en los meses más fríos.
La venta es al peso: el cliente decide qué trozo quiere que le corten del bloque expuesto, o por cuántos dinares iraquíes quiere comprar. El precio es muy asequible y por 1.000 IQD (0,60 EUR) te dan una ración realmente grande, que a mí me dejó completamente lleno; si tuviera que repetir, me bastaría tranquilamente con una cuarta parte. Y es que el daheen llena muchísimo. A los iraquíes les encanta, pero a mí no me entusiasmó demasiado: esa textura tan particular junto con la enorme cantidad de coco rallado, que no me gusta, no acabó de convencerme.
Aun así, recomiendo probar el daheen; si te gusta, dímelo.
¡Que aproveche!