Dátiles tunecinos
Túnez es uno de los principales productores de dátiles del mundo, y las palmeras datileras forman parte esencial de su historia, su cultura y su economía. Para los tunecinos, la palmera datilera es símbolo de vida, fertilidad y abundancia. Los dátiles se cultivan en Túnez desde hace milenios; las primeras referencias a su cultivo se remontan a la época de Cartago.
Túnez es, junto con Egipto, Argelia, Arabia Saudí e Irán, uno de los mayores productores de dátiles del mundo.

Las palmeras datileras se cultivan sobre todo en el sur de Túnez, donde el clima es seco y caluroso, propio del desierto. La palmera datilera es una planta dioica: hay ejemplares machos y hembras. Para que se produzca la polinización y cuajen los frutos, hay que llevar el polen de las flores masculinas a las femeninas. Tradicionalmente se hace a mano: los agricultores trepan hasta lo alto de las palmeras y van pasando el polen. Desde que se planta la palmera joven hasta la primera cosecha pasan de 5 a 8 años. Las palmeras alcanzan su plena productividad hacia los 15 años y, con buenos cuidados, pueden dar fruto durante más de 100 años. La cosecha se extiende de septiembre a noviembre y es un trabajo manual muy duro. Los recolectores suben a lo alto de las palmas y cortan los dátiles con cuidado para no dañarlos. Los dátiles frescos contienen mucha agua, por eso se secan al sol: pierden humedad y se conservan mucho más tiempo.

Túnez produce una amplia gama de variedades de dátil; la más conocida y la de mejor calidad es la Deglet Nour (que se traduce como "dedos de luz"). Cada variedad tiene características y sabores algo distintos: unas están mejor tal cual, otras van mejor para cocinar o para repostería. En Túnez los dátiles se comen tradicionalmente frescos o secos, pero también cocinados y horneados. Son ingrediente básico de muchos platos, postres y bebidas tradicionales del país.

En Túnez se aprovecha casi todo de la palmera datilera. La madera del tronco se usa en la construcción y para fabricar muebles. Con las hojas se hacen cestas, esteras y vallas trenzadas. De los huesos del dátil se prensa un aceite que se emplea en cosmética. Y los dátiles verdes sirven de pienso para el ganado.

Los dátiles y las palmeras tienen en Túnez una dimensión espiritual y cultural. Según la tradición islámica, la celebración del fin del Ramadán debe empezar comiendo un número impar de dátiles. Las palmeras datileras se plantan a menudo junto a mezquitas y cementerios, porque se cree que traen bendiciones.
Los dátiles y las palmeras datileras son, sencillamente, parte inseparable de Túnez. Son frutos del desierto que durante siglos han alimentado a generaciones de tunecinos y se han convertido en un símbolo de este país del norte de África. Los dátiles tunecinos, y en especial la variedad Deglet Nour, están considerados con razón entre los mejores del mundo. Y aunque en casa, en la República Checa, prefiero los higos secos a los dátiles, en Túnez nunca me resisto a ellos.
¡Que aproveche!