Beraria Veche: la cervecería de Iasi con sartenes llenas de carne
Volé a Iasi (en rumano Iași) con una lista de dos restaurantes a los que quería ir sin falta: Rustic y Beraria Veche. El segundo acabó siendo el primero - entramos nada más aterrizar - y al que más veces volvimos.
Beraria Veche (en rumano berăria veche = la vieja cervecería) es un restaurante de la calle Sărărie en Iasi que sirve lo más contundente de la cocina rumana: sopas caseras, carne a la parrilla y sartenes de las que comen dos.

Un nombre heredado de una fábrica de cerveza que ya no existe
El nombre del local lo traduje entonces como La vieja fábrica de cerveza y el diccionario protestaría: berărie viene de bere, cerveza, con el mismo sufijo que brutărie (panadería) o cofetărie (pastelería). Es una cervecería, un sitio donde la cerveza se tira, no se fabrica. Pero precisamente en Iasi esa traducción imprecisa tiene su parte de razón: Berăria Veche se llamaba una fábrica de cerveza de verdad, levantada sobre un privilegio de 1786, a la que su propietario de entonces puso ese nombre en 1879. Allí se elaboraba cerveza al estilo alemán, en el barrio de Păcurari, al otro lado del centro.
A la fábrica le fue peor que a su nombre. Tras la nacionalización produjo bajo la marca Zimbru, en 2007 se hizo allí la última cocción y la parcela de una hectárea se vendió a promotores inmobiliarios por 6,5 millones de euros; de los edificios solo quedaron las entradas a las bodegas, protegidas como patrimonio industrial. El restaurante de Sărărie no abrió hasta 2012 y con la fábrica no lo une ni el edificio, ni la empresa, ni una sola caldera: solo el nombre prestado, un pedazo de la memoria de la ciudad colgado encima de la puerta. Lo viejo aquí es la cervecería del rótulo, no el local: la taberna que se llama La vieja cervecería tiene poco más de diez años.

Qué se come y se bebe en una cervecería rumana
Además, en Rumanía berărie no significa solo un bar con grifo de cerveza. Las cervecerías se multiplicaron en las ciudades del país junto con las fábricas en la segunda mitad del siglo XIX y enseguida se convirtieron en una institución social, punto de encuentro de periodistas, políticos y gente de teatro; la más famosa de todas, Caru' cu Bere en Bucarest, abrió, casualmente, el mismo año de 1879 en que la fábrica de Iasi recibió su nombre. La berărie rumana se distingue de la taberna checa sobre todo en el reparto de papeles: en Chequia la cerveza manda y como mucho se pica algo, mientras que en una berărie se come y se cena en serio. En Beraria Veche eso se traduce en cocina rumana con un toque griego: ciorbe, carne a la parrilla incluidos los mici y, como manda el nombre, cerveza rumana de barril.
Pero el espectáculo son las sartenes. El platou de carne, una ración de carne para compartir entre dos o más, se pide en los bares de toda Rumanía, y Beraria Veche ha construido con él buena parte de su fama. En las reseñas locales se lleva los elogios precisamente por las raciones y los precios; al servicio le cae alguna crítica, aunque a nosotros no nos pasó. Se puede ir por dos caminos: el barato, con el menú del día, o el contundente, con la sartén, para la que conviene ir en pareja. En verano se abre además una terraza amplia bajo una pérgola.

Volver una y otra vez a Sărărie
Beraria Veche fue el primer restaurante en el que entramos al aterrizar en Rumanía. La primera vez cayó el menú del día: mici, que probé aquí por primera vez en mi vida, con su guarnición y una crepe de chocolate recién hecha de postre, todo junto por 4,60 EUR. En las visitas siguientes les tocó el turno a las sartenes, la de pollo con pimiento a la parrilla, berenjena y setas y la de cerdo con tomates asados y queso rallado por encima; una costaba 40 RON (8 EUR) y comimos los dos de una sola. Nos sentábamos en la terraza, con los camareros nos entendimos en inglés sin problema y la comida salía rápido. El rumano tiene una expresión para el local al que uno vuelve una y otra vez: local de suflet, el local del alma. No conozco descripción más exacta de Beraria Veche.

Beraria Veche