The Walled Off Hotel, Belén
A primera vista no falta nada de lo que se le supone a un hotel de renombre: un portero de librea en la puerta, un piano bar, el té servido en porcelana. Lo que pasa es que el portero es un chimpancé disecado, el piano de cola toca solo y al otro lado de las ventanas, en lugar de vistas, hay hormigón.
The Walled Off Hotel es a la vez hotel boutique, galería y museo; lo abrió en Belén el artista urbano Banksy, a unos metros del muro que separa Israel de Palestina. Aquí incluso se puede dormir, pero la mayoría de los visitantes viene por lo que cuelga de las paredes.

Qué significa Walled Off y cómo acabó el hotel junto al muro
El nombre es un juego de palabras: Walled Off suena casi como Waldorf, solo que no tiene nada que ver con el lustre del palacio neoyorquino - significa "amurallado". Los medios árabes ni siquiera traducen el juego de palabras y lo llaman sencillamente el hotel de Banksy. Está a las afueras de Belén, a unos diez kilómetros y un puesto de control de Jerusalén.
Banksy no empezó en Belén. Ya había pintado antes en el muro y en 2007 organizó allí con otros artistas la exposición Santa's Ghetto, que duró varias semanas; después del efímero anti-parque de atracciones Dismaland, el hotel es su proyecto más grande hasta la fecha - y el único que ha dejado en pie de forma permanente. Abrió el 3 de marzo de 2017 tras año y medio de preparativos secretos y, hasta que tuvo que cerrar, pasaron por él unos 140.000 visitantes. Por la guerra de Gaza estuvo cerrado más de dos años, desde octubre de 2023; vuelve a recibir huéspedes desde diciembre de 2025 y su dirección habla hoy de él más como de una plataforma cultural que como de un alojamiento.

Los originales de Banksy, el museo del muro y diez habitaciones
La planta baja parece un club colonial inglés: sofás de cuero, ventiladores de techo, té con scones. Y entonces miras alrededor. Un busto neoclásico está envuelto en una nube de gas lacrimógeno, los angelotes sobre el piano llevan goteros, las cámaras de seguridad cuelgan sobre escudos de madera como trofeos de caza y, en uno de los cuadros, Cristo tiene en la frente el punto rojo de una mira. El hotel expone más de veinte originales de Banksy y todos se pueden ver por el precio de un café. Por la noche, el piano de cola automático toca piezas grabadas para él por Massive Attack, entre otros.


Un piso más arriba está el museo, que preparó junto a Banksy el historiador del arte Gavin Grindon. Cuenta sin dramatismos la biografía del muro y de los cien años transcurridos desde la Declaración Balfour; la obra de Banksy está sobre todo abajo, en el bar y en las habitaciones. Justo al lado está la sala de artistas palestinos, encabezada por Sliman Mansour - el mayor espacio expositivo permanente de arte palestino del país. ¿Y las habitaciones? Diez, desde la litera con material de cuarteles militares dados de baja hasta la suite presidencial, y todas miran al mismo hormigón. El hotel ha hecho de ello su lema: presume de tener las peores vistas del mundo.

Cómo transcurre la visita y qué dice Belén del hotel
Al piano bar se entra libremente; la entrada solo hace falta para el museo y la vende un empleado delante mismo de la puerta principal, así que quien haya venido solo a tomar café puede rechazarla sin más - no se pierde ninguna de las obras del bar. En el propio Belén el hotel despierta sentimientos encontrados y conviene reconocerlo. Da trabajo a unos 45 vecinos y trae huéspedes a una ciudad que ha perdido peregrinos; a una parte de los palestinos, en cambio, le molesta que el muro se haya convertido en un producto para turistas. No me corresponde zanjar esa disputa - en Belén se oyen las dos voces. Si después del café te acercas al centro, llegas a pie hasta el Mercado Viejo y hasta la basílica de la Natividad.

Un espresso doble junto al muro
Estuve en el hotel un sábado por la mañana y el bar estaba casi vacío: aparte de mí había dos huéspedes; el personal fue muy amable y hablaba un inglés excelente. Un espresso doble bien preparado con un vaso de agua con hielo costaba 12 ILS (3,20 EUR), más o menos lo mismo que en una cafetería de Praga; la entrada al museo, 20 ILS (5,60 EUR). Pasear junto al largo muro de hormigón y las torres de vigilancia calcinadas no invita precisamente a pensamientos alegres - yo me sentí seguro, pero conviene informarse antes del viaje sobre la situación actual. El hotel y sus alrededores están entre los lugares que más me han impresionado en la vida. Y en ningún otro sitio se me han pasado por la cabeza tantas cosas delante de un café como aquí.


The Walled Off Hotel