Gâteaux piment: el buñuelo mauriciano de guisantes amarillos
Si Mauricio eligiera su bocado nacional, el gâteau piment ganaría sin necesidad de campaña: se fríe en los mercados, junto a las estaciones de autobús y en cualquier sitio donde la gente se pare, se vende por unidades y por unas pocas rupias, así que puedes ir probándolo de puesto en puesto como en una cata. Reconozco de entrada que yo me abstendría en esa votación, y justo por eso merece la pena analizar qué le ha gustado tanto a la isla.
El gâteau piment es un buñuelo de guisantes amarillos partidos, chile y especias: el bocado callejero más extendido de la cocina mauriciana.

Qué significa gâteaux piment y quién lo trajo
El nombre francés promete literalmente un "pastelito de chile" y el criollo se limita a adaptarlo fonéticamente como gato pima. Por qué se le llama pastelito a un buñuelo frito sin una pizca de azúcar no lo explica ninguna fuente: los textos en francés adoptan el nombre sin más. Y en la Reunión, su isla hermana, al mismo buñuelo lo llaman bonbon piment, caramelo picante, así que sobre esta comida no dice la verdad ninguno de sus dos nombres. Y ninguna de las dos islas ve la necesidad de corregirlo.
Que es una especialidad puramente mauriciana lo dice todo el mundo. Sería más honesto decirlo así: el concepto lo comparten las dos islas Mascareñas, solo que cada una lo rellena con una legumbre distinta: Mauricio con el guisante amarillo dholl y la Reunión con las judías grandes pois du Cap. El antepasado del buñuelo está en el vadai del sur de la India; a las islas lo trajeron en el siglo XIX los trabajadores indios contratados y nadie ha dejado constancia del año exacto, porque es una historia de bodega de barco, no de registro civil. Del mismo saco de guisantes amarillos nacieron en Mauricio el pan plano dholl puri y el dulce tekwa; el gâteau piment es el hermano de mal genio de esa familia.

Cómo se come el gâteau piment y con qué
Dentro se mezclan los guisantes amarillos remojados y machacados con chile, cilantro, comino y las hojas de curry, que aquí se llaman caripoulé: son ellas las que le dan al buñuelo ese aroma que delata el linaje indio nada más olerlo. La pasta ya condimentada se moldea y se echa en aceite hirviendo, de modo que la bolita queda crujiente por fuera y húmeda y especiada por dentro. Al menos en el mejor de los casos; luego vuelvo a ello.
Se come a cualquier hora: con el café de la mañana, con el té de la tarde o por la noche. Sabe mejor caliente, recién salido del aceite, y quien quiera desayunar como un mauriciano pide que le aplasten unos cuantos dentro de una barra de pan recién hecha con mantequilla: la barra la dejaron aquí los franceses y la isla no ha renunciado a ella. Los que se enfrían tampoco se tiran: se parten en cuatro y se mezclan con tomate, cebolla y limón para hacer una ensalada de gâteaux piments.

La ventanilla de Curepipe
En la isla he probado muchos gâteaux piments: en el mercado de la estación Victoria de Port Louis, como entrante en el restaurante Creole Shack de Flic en Flac y, sobre todo, en la ventanilla del food truck Caravanne Bleu Blanc Rouge de Curepipe, que lleva el azul, el blanco y el rojo tanto en la carrocería como en el nombre y tiene "Gateaux Piment" en la primera línea del rótulo. Y aquí retomo lo que había dejado pendiente: el bocado más popular de la isla no me acabó de convencer, porque por dentro me resultó seco y solo revive cuando le echa una mano la pasta de chile. Aun así le di una oportunidad en cada puesto nuevo con el que me topaba, porque una investigación así uno se la puede permitir. La unidad costaba 4 MUR (0,10 EUR).