Sala VIP Sky Lounge, Viena
Durante años las evité, y ni yo mismo sé por qué. Lo arreglé volviendo de Tel Aviv, en una escala en Viena.
Una sala VIP es un espacio cerrado situado más allá de todos los controles y al que puedes comprar un acceso puntual: dentro te esperan comida y bebida incluidas, comodidad y, sobre todo, una tranquilidad que no encuentras en ninguna otra parte del aeropuerto. La de Viena se llama Sky Lounge, está en la terminal 3 y su bufé es una pequeña muestra de la cocina austriaca.

Albóndigas de pavo, ñoquis con queso y dos strudels
El bufé sigue una fórmula sencilla: siempre un plato de carne, uno vegetariano y varias guarniciones. El día que fui, eso se tradujo en albóndigas de pavo, unos ñoquis de huevo con queso - los austriacos los llaman Kasspatzln - y una zanahoria asada con cebolleta estupendamente aliñada; además, sándwiches, brownies y un cuenco con manzanas, peras y plátanos. Pero la última palabra la tenían los strudels: junto al de manzana había también un excelente Topfenstrudel de requesón, y son precisamente ellos los que te recuerdan que estás en Viena. Eso sí, ojo con atribuirle la paternidad: el strudel de manzana pasa por ser el símbolo de los cafés vieneses, pero su masa estirada llegó a la ciudad desde la cocina otomana a través de los Balcanes, y la primera receta vienesa documentada es de 1696. También el postre de la vitrina del aeropuerto tiene detrás un largo viaje con escalas.


Una barra en la que solo quedaron vinos austriacos
La parte de las bebidas me sorprendió más que la comida. Las salas internacionales suelen recurrir al estándar internacional más seguro: prosecco y vinos varietales sin carácter. En la Sky Lounge, cuando la visité, en la barra solo había vinos austriacos, y no unos cualesquiera. El tinto Small Hill viene de Leo Hillinger, viticultor de Burgenland y uno de los productores ecológicos más conocidos de Austria, y el Grüner Veltliner blanco lo firma la bodega familiar Dockner, de Kremstal. El tinto DoN Red y el espumoso DoN Brut Grande Cuvée llevan el nombre del grupo gastronómico DoN, de Josef Donhauser, que abastece la sala desde 2021 apostando por productores regionales pequeños. El toque local lo ponían también los zumos Rauch, que la empresa familiar del mismo nombre exprime desde hace más de cien años; por supuesto, tampoco faltaban el alcohol fuerte, el café y el té.




Cómo funciona la entrada a la sala
Las salas de pago son un fenómeno relativamente reciente en los aeropuertos. Los clubes de las aerolíneas existen desde 1939, cuando American Airlines abrió en Nueva York su Admirals Club, pero allí se entra con un billete de business o con un estatus de fidelidad. El modelo de comprar la tranquilidad como quien compra una entrada de cine no se extendió hasta el cambio de milenio, y le ha dado tiempo a crear su propia subcultura: hoy hay quien colecciona salas y les pone nota como otros coleccionan cumbres. A la Sky Lounge entras con cualquier billete: con un acceso puntual comprado allí mismo o a través de programas como Priority Pass y LoungeKey, que suelen venir de regalo con las cuentas bancarias premium y las tarjetas de crédito. El mismo principio rige en la iGA Lounge de Estambul. Abre todos los días de 4:30 a 23:00 y la estancia está limitada a tres horas. Un aviso: olvídate de las vistas a la pista, porque la sala se llama Sky, pero no tiene ventanas que den al campo de vuelo.

Dos horas antes del cierre
Llegué a la Sky Lounge unas dos horas antes del cierre y daba por hecho que solo rebañaría las sobras. En vez de eso, el personal iba reponiendo la oferta y los platos vacíos desaparecían de las mesas casi al instante. Probé los dos tintos: me pareció que el Small Hill entraba solo y el DoN Red tampoco hizo el ridículo; el espumoso no me convenció y al blanco, que se enfriaba con mucho estilo en un gran recipiente metálico lleno de hielo, ya no me dio tiempo de llegar. Había sitio de sobra para sentarse y todo estaba limpio; los avisos del aeropuerto llegaban aquí amortiguados y el estado de los vuelos lo mostraba una pantalla grande. El acceso puntual con la tarjeta de viaje Revolut me costó 720 CZK (28,80 EUR), y también se puede conseguir gratis como extra de algunas tarjetas de crédito. Pocas veces he pagado con más gusto por que a mi alrededor no pasara absolutamente nada durante dos horas.
Sky Lounge