Qué comer en Irak: platos típicos y especialidades iraquíes | página 3 de 3
Qurs simsim: la galleta de sésamo tradicional de Oriente Próximo
El qurs simsim es una galleta dulce tradicional de Oriente Próximo. Se distingue por su textura quebradiza y por una generosa capa de semillas de sésamo. La masa se hace con harina, azúcar y grasa, y lo que la hace especial es una mezcla de especias muy concreta. Domina el aroma cítrico del cardamomo, acompañado de anís e hinojo.
Shalgam: la delicia iraquí de invierno a base de nabo cocido
El shalgam es una delicia iraquí a base de nabo cocido lentamente en almíbar de dátil. Es uno de los platos iraquíes más conocidos que puedes encontrar por la calle y se toma sobre todo en los meses más fríos del año. Los puestos de shalgam ofrecen casi siempre otro plato, la bagilla, es decir, habas cocidas con zumaque.
Samoon: el pan nacional de Irak
Samoon es el pan nacional de Irak. Se reconoce por su forma inconfundible, entre el rombo y la barquita, con la corteza crujiente y la miga tierna y esponjosa.
Mann al-sama: el turrón tradicional de Irak
El mann al-sama es un dulce tradicional de Irak que recuerda a un turrón duro y masticable. Va bien cargado de frutos secos y perfumado con cardamomo. Su nombre significa maná del cielo y alude a la materia prima original, una resina natural que se recoge en las zonas de montaña. En composición se parece muchísimo al gaz iraní. Es un dulce que aguanta mucho tiempo y que no se derrite ni con el calor iraquí.
Amba: la salsa picante de mango
El amba es una salsa picante de mango encurtido, de color amarillo intenso, casi anaranjado. Su sabor combina el dulzor de la fruta, la acidez punzante del vinagre y el aroma marcado del fenogreco. Aunque hoy se asocia a la cocina iraquí y al street food de Oriente Próximo, sus raíces llegan hasta los comerciantes judíos de la India.
Motal y zhaji: quesos de las montañas kurdas
El motal y su variante con hierbas, el zhaji, son quesos tradicionales kurdos que maduran y se venden dentro de una piel de oveja. Esta forma ancestral de conservación nació de la necesidad de guardar los excedentes para el invierno en una época sin electricidad. Hoy esta especialidad quesera es toda una rareza en los mercados kurdos.