Menú del día: el almuerzo español a precio fijo
El almuerzo del que España sigue viviendo hoy no lo inventaron los cocineros ni la competencia, sino el ministerio. En los años sesenta, el Estado obligó a los restaurantes a ofrecer un menú de mediodía barato, fijó cuánto podía costar y qué debía llevar el plato.
El menú del día, literalmente "menú del día", es la oferta de mediodía de los restaurantes españoles a un único precio fijo: un primer plato más ligero, un segundo más contundente, postre y, además, pan y bebida. Nuestro menú del día checo es un pariente cercano, solo que nunca tuvo un decreto detrás.

Menú turístico: un almuerzo por decreto
Entonces se llamaba de otra manera: menú turístico. Lo impulsó en 1964 Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo de la España franquista, y una orden de marzo de 1965 remató los detalles. Todos los restaurantes del país tenían que ofrecer un almuerzo completo a un precio fijado oficialmente -desde 50 pesetas en un local de cuarta categoría hasta 250 en uno de lujo- y la norma detallaba incluso la composición: sopa o entrante, carne, pescado o huevos con guarnición, postre, pan y un cuarto de litro de vino. Por entonces entraban en el país millones de turistas al año y el Gobierno quería garantizarles que el almuerzo no les arruinaría. Pero la comida barata y completa la adoptaron enseguida, sobre todo, los propios españoles: funcionarios, obreros, viajantes de comercio. Lo que nació como reclamo turístico se convirtió en un ritual nacional del mediodía.
Los precios máximos cayeron durante la Transición, pero la obligación en sí aguantó hasta 2010, cuando una directiva europea de servicios acabó con ella. Lo que implantó un ministro franquista lo derogó, cuarenta y seis años después, Bruselas -aunque algunas comunidades, como Navarra o Asturias, todavía mantienen el menú obligatorio en su normativa. Los restaurantes, mientras tanto, descubrieron que querían seguir ofreciendo el menú aunque ya no fuera obligatorio: hoy el menú del día medio ronda los 14 euros, en el País Vasco dos euros más, y a mediodía alimenta oficinas y obras por todo el país. Solo los tiempos le son adversos -parte de la gente almuerza en casa por el teletrabajo, y parte de los locales recorta con el medio menú, sin postre o sin bebida.

Cómo funciona el menú del día y cuándo ir a por él
Las reglas apenas han cambiado desde los tiempos del decreto. El menú rige los días laborables, más o menos entre la una y las cuatro de la tarde -España almuerza tarde- y en cada plato da a elegir entre tres y cinco opciones de la cocina habitual del local. Elijas lo que elijas, el precio no cambia. La bebida suele ir incluida: agua, cerveza o el vino de la casa; de aquel cuarto de litro obligatorio hoy queda más bien una copa. Los fines de semana hay que contar con una versión festiva más cara, y por la noche no esperes nada: quien pregunte por el menú del día a las ocho de la tarde recibirá la carta y una lección sobre el ritmo diario español. Además, esta oferta pensada para turistas hoy es sobre todo cosa de los propios lugareños: la pizarra escrita a mano junto a la puerta suele estar solo en español, y muchos extranjeros pasan de largo sin fijarse en ella.
Un almuerzo fijo a precio fijo lo conoce media Europa: la cocina francesa tiene su formule midi del mediodía, la italiana su pranzo di lavoro, la portuguesa su menu do dia y Alemania su Mittagstisch. Pero solo la versión española lleva en su partida de nacimiento un decreto estatal -en los países vecinos el almuerzo barato se lo inventaron los propios restaurantes. Al otro lado del Atlántico a un almuerzo parecido se le llama menú ejecutivo, y en México el concepto se cruzó con la comida corrida local; quién se lo copió a quién ya nadie lo desenreda hoy. ¿Y nuestro menú del día checo? Pertenece a la misma familia, solo que es el más austero: sopa, un plato único y punto.


Quince euros en Bilbao
Mi menú del día me lo tomé en Bilbao, en la taberna Iñakiren (ver Dónde comer en Bilbao), que prepara una sencilla cocina vasca casera y a mediodía estaba llena de gente del barrio. La pizarra escrita a mano ofrecía como primer plato incluso paella de la casa o pisto de verduras, y yo me decanté por las alubias rojas con sacramentos -alubias rojas con chorizo y trozos de carne que ya por sí solas me habrían dejado satisfecho-. El segundo plato fue bacalao con tomate y alcaparras: unos buenos trescientos gramos de pescado tierno, nada seco, en una salsa bien sazonada. De postre elegí un queso de oveja curado con mermelada de membrillo, salado y dulce en el mismo bocado. Encima me pusieron en la mesa la botella de vino entera y la dejaron ahí -puede que fuera una deferencia hacia el extranjero, o puede que allí simplemente no lleven la cuenta de las copas-. Todo el menú costaba, según la pizarra, 15 EUR. Primer plato, segundo plato, postre, pan y vino: exactamente lo que en su día exigía el decreto de Fraga. Hoy ya no lo obliga nadie. En Iñakiren lo siguen cocinando igual.
