Restaurante El Camino tapas: hospitalidad española en el barrio praguense de Vinohrady
Es lunes, las seis de la tarde. En los libros de reservas de los restaurantes es la hora más ingrata: principio de semana, cuando la mayoría de los locales todavía se está despertando del fin de semana. Fuera cae una nieve húmeda y pesada y los meteorólogos avisan de placas de hielo que pueden convertir las calles de Praga en una pista de patinaje. La noche ideal para quedarse en casa, calentito.
Y aun así, cuando abres la puerta de El Camino tapas, en Vinohrady, te encuentras con la realidad con la que sueña cualquier hostelero: no cabe un alfiler.

Luz tenue, tintineo de copas de cava y un aroma que te traslada dos mil kilómetros al suroeste. El Camino tapas nace del empeño de David Böhm por traer la hospitalidad española a Praga.

En la República Checa la palabra "tapas" arrastra a veces mala fama: cuencos de aceitunas y queso reseco para acompañar el vino.
Aquí el concepto se acerca más a la alta cocina en formato pequeño. No se trata de "picar", sino de una experiencia de degustación en toda regla.

Nada más pasar por delante de la barra es imposible no ver la pata entera de jamón ibérico. Y no es un jamón cualquiera, sino de la categoría cebo de campo, el segundo nivel más alto del jamón ibérico, de cerdos criados en libertad, que se mueven a su aire y se ceban en parte con cereales.
Cuando la miniración de degustación aterriza en nuestra mesa, se ve enseguida el veteado: la grasa se derrite ya a temperatura ambiente. Sabe a nuez, con un final intenso y largo.

Y mientras damos cuenta de la última loncha, llega el momento de la gran decisión de la noche. El Camino tiene un sistema propio para exprimir al máximo su cocina: el llamado menú compartido. Pero que el nombre no te engañe. En El Camino (casi nunca) coges la comida de una fuente en el centro de la mesa.

Aquí lo entienden de una manera más cómoda. "Compartir" significa comer a la vez: todos en la mesa prueban los mismos platos al mismo tiempo, pero cada comensal recibe su propio cuenco o plato, emplatado al detalle.
Es el equilibrio perfecto: compartes la experiencia y la conversación en torno a los mismos platos, pero disfrutas de la comodidad de tu espacio y de tu ración. Hay tres opciones: degustación de cuatro, cinco o seis platos, con postre para terminar.

El nombre del local ya marca el rumbo y en nuestro camino, el gastronómico, nos dejamos guiar por las recomendaciones del personal. Empezamos con el salmón salvaje, combinado a la perfección con sidra y con las migas, uno de los platos más tradicionales de España y casi desconocido fuera de sus fronteras. Después pasamos por la crema de pescado y marisco hasta llegar a las vieiras.
Es justo con ellas cuando la conversación se apaga del todo por primera vez para dejar sitio al puro entusiasmo gastronómico.
Las vieiras son un producto delicado: un segundo de más y se vuelven gomosas. Estas están en su punto, caramelizadas por fuera y jugosas por dentro. La combinación con col rizada, el pil pil de algas y la mermelada de pimiento es magnífica.

Y luego está el pulpo "a la moruno". El guiño a la influencia morisca en la cocina española es evidente. El comino se mezcla con el ahumado de la berenjena. El tabulé teñido con tinta de sepia aporta un punto terroso que equilibra el plato. El pulpo se deshace en la boca y aun así mantiene su textura.

La coliflor con trufa fue para mí el único momento flojo de toda la degustación. Visualmente era un plato precioso: la rodaja gruesa de coliflor estaba bien asada, pero de sabor resultó demasiado neutra. Mi acompañante, en cambio, la alabó. Los platos de carne, eso sí, vuelven a subir el listón enseguida.
La butifarra de pato es una vuelta de tuerca a la butifarra catalana de siempre. Aquí se sirve con alubias blancas y un jugo de pato potente. Es comfort food en su versión más lujosa. Las alubias son mantecosas, la butifarra jugosa y la salsa tan sabrosa que habríamos rebañado el plato con pan hasta la última gota.

La parte de carne del menú se cierra con el cerdo ibérico. La carne de los cerdos de capa negra es conocida por su calidad y en El Camino la acompañan con patatas revolconas y - para muchos, una sorpresa - con chips de oreja de cerdo.

En El Camino cada comensal elige su postre por separado. Las torrijas de aquí son las de toda la vida, pero mucho más ricas. Van remojadas en leche con especias, doradas a la plancha y servidas con helado de caramelo salado y un chorrito de oloroso. Es un postre que desaparece del plato antes de que digas "tinto de verano".

El bizcocho de plátano con ron y miel ahumada convierte un clásico casero en un postre más interesante sin que resulte recargado.

En la web de El Camino no encontrarás ningún apartado de "maridaje" y, sin embargo, aquí lo vives, y en su versión más personalizada.
La copa de bienvenida en un restaurante español no puede ser otra cosa que cava: el Jazz Nature de la bodega Castell Sant Antoni es un pequeño homenaje a la armonía del jazz. La familia Canals crió este vino sobre lías durante 24 meses. El coupage de xarel·lo, macabeo y parellada despliega en la copa notas de manzana verde, melocotón y flores blancas. Es un cava vivo, elegante, con una acidez perfectamente equilibrada.

Tenía pensado pasar toda la noche sin alcohol y limitarme a "probar" los vinos de mi acompañante. Ya me había resignado a una jarra de agua, pero cuando se lo dije al personal bastó un pequeño guiño cómplice para que en la mesa aterrizara un Copenhagen Sparkling Tea Blå. Algo que aquí no me esperaba en absoluto. En ese momento yo era "de los suyos" y ellos eran "de los míos".
Este té danés con burbujas es una preciosa muestra de que la ausencia de alcohol no significa ausencia de sabor ni de complejidad. El té Blå ("azul") se apoya en notas de jazmín y manzanilla, que subrayan la profundidad de los tés verdes y el tanino suave del darjeeling en el final.

El menú de cuatro platos más postre sale en El Camino por 1.450 CZK (58 EUR), cinco platos y postre cuestan 1.650 CZK (66 EUR) y seis platos con postre, 1.850 CZK (74 EUR).

En la guía gastronómica Gault&Millau de 2025 el restaurante El Camino consiguió una nota alta, 14 puntos sobre 20 (dos toques); en la guía Michelin checa de 2026 lo más probable es que no aparezca, y es una pena. Se merecería un reconocimiento, y no solo por su hospitalidad ejemplar.
¡Que aproveche!
El Camino tapas