Vinoteca Champagneria: champán y cava en un callejón de Praga digno de una novela de aventuras
Al mercado navideño de la plaza de la Ciudad Vieja voy todos los años, y todos los años paso de largo ante los puestos de vino caliente cuyo sabor, por decirlo con diplomacia, describiría como flojo. Mi apuesta segura está a unos cientos de metros de allí, en un callejón por el que la mayoría de la gente pasa sin fijarse.
Champagneria es una pequeña vinoteca dedicada al champán, al cava y a otros espumosos, en la calle Průchodní, en la Ciudad Vieja de Praga: y en Adviento, además, el sitio donde sirven un vino caliente que no tiene nada que ver con el de los puestos.

El nombre promete Francia y el linaje viene de Barcelona
Champagneria suena a francés solo hasta que te fijas en la terminación. El sufijo -ería es español: igual que en una cervecería se sirve cerveza y en una pastelería hay dulces, una champañería - en catalán, una xampanyeria - es un local donde se sirve espumoso.

Cava, champán y una pelea por el nombre
Solo puede llamarse champán el vino que procede de la región francesa de Champaña. El cava catalán se elabora por ese mismo método tradicional - la segunda fermentación ocurre dentro de la propia botella y el vino pasa después meses de crianza sobre lías - y aun así no puede llevar ese nombre. En el precio del champán se paga, en buena parte, un nombre protegido, no un método distinto. Quien elige por el sabor y no por la etiqueta sale ganando. Champagneria juega precisamente con eso: el sumiller trae cavas catalanes y crémants alsacianos, y la carta no deja de crecer: junto a las burbujas hay ya vinos tranquilos y naturales, y de septiembre a febrero, ostras.

Cómo se bebe en Champagneria
No abre hasta las cuatro de la tarde: Champagneria no compite con los menús del día, va directa a la noche. Puedes tomar una copa o una botella entera; las botellas, cuando estuve, arrancaban en torno a 500 CZK (20 EUR). El local es pequeño y suele estar lleno, así que mejor reserva sitio, sobre todo si al vino lo acompaña una exposición, una cata o música en directo: Champagneria es también una pequeña galería. El mobiliario tiene sus años y a mí siempre me ha parecido entrañable, incluida la logística de un local pequeño: en una sala se enfrían las botellas en armarios climatizados y en la otra se calienta a la clientela con estufas de gas en las esquinas. El servicio es amable, rápido y se le nota que disfruta del trabajo: lo delatan, por ejemplo, los origamis doblados sobre la campana de cristal. Te atienden en inglés y puedes pagar con tarjeta.

Vino caliente en vaso de cristal tallado
A Champagneria vuelvo cada Navidad, de camino al mercado. La entrada, en un callejón lateral, es fácil de pasar por alto: la calle Průchodní, con su quiebro a mitad de camino, parece salida de las novelas juveniles de aventuras de Jaroslav Foglar sobre el laberinto de callejones del casco antiguo. Dentro me sirven un vaso de cristal tallado con 200 ml de vino tinto caliente por 85 CZK (3,40 EUR), con canela y una rodaja de fruta cítrica flotando encima. Es vino caliente de verdad: sabe a vino y a especias, no a azúcar, y no se parece en nada a ese líquido de sabor flojo que unos cientos de metros más allá sirven en vasos de plástico. Si tienes prisa, te lo ponen de buen grado para llevar, pero el vaso tallado forma parte del ritual. Un bar lleno de champán, cava y crémants, y yo, últimamente, por desgracia, solo vengo a por el vino caliente. Porque el vino caliente de verdad que acompaña a los mercados navideños de Praga no se vende en los mercados.
Champagneria